El Sueño de Patrick el Alce (un regalo para mis lectores)

Patrick era un Alce que vivía en München, Alemania, desde pequeño soñaba con hacer grandes cosas en su vida: ser un héroe, poder ayudar a mucha gente y, sobre todo, cumplir su Gran Sueño de tirar del trineo de Papá Noel.

Sus amigos se burlaban de Patrick por su sueño, le decían que un alce no podía tirar del trineo de Noel, que solo lo hacían los renos. Patrick siempre les decía que él no veía la diferencia entre un alce y un reno: “somos casi primos”, y todos sus amigos se reían de sus palabras.

Cuando regresaba de la escuela, Patrick el Alce le decía a su madre que él tenía un gran sueño y que todos sus amigos se burlaban de él. Su madre le daba un beso y le decía:

––Hijo mío, si tienes un sueño, debes creer en él y hacerlo todo por cumplirlo. No importa cuánto tiempo te lleve realizarlo, lo importante es luchar por tus sueños.

Patrick creció y se convirtió en un alce grande y fuerte, destacaba por su alegría, jovialidad y, sobre todo, porque siempre buscaba hacer el bien a los demás. Nunca olvidó el consejo de su madre de luchar por sus sueños, y es por ello que tomó una gran decisión: hacer un gran viaje al Polo Norte.

Patrick el Alce comenzó a realizar todos los preparativos para esta gran aventura, con un mapa en la mano trazó todo el trayecto que debía de realizar de München hasta el Polo Norte: München – Frankfurt – Hamburg – Copenhague – Gothenburg – Stockholm – Tromsø – Isla de Kaffekluben, y de esta isla recorrer una distancia de 707 kilómetros hasta el Polo Norte. Patrick preparó su mochila con tallos tiernos, zanahorias, avellanas y una buena ración de chocolates.

Hum… ¿los alces comen chocolate? ¡Pues a Patrick le encantaba el chocolate! ¡Ups! Casi lo olvido, Patrick también llevó su pasaporte, su madre siempre le decía que para un viajero es muy importante tener al día sus documentos. Pero, ¿un alce tiene pasaporte? ¡Pues sí! Patrick el Alce tenía su pasaporte en regla, la mochila bien cargada y todo el entusiasmo para cumplir sus sueños.

Salió de su casa con la bendición de su madre. Esta, como siempre, le dijo que tuviera mucho cuidado, y que estuviera atento a su corazón para poder saber escoger a sus amigos:

––Hijo mío, el corazón nunca falla, sigue tu corazón y encontrarás tus sueños ––esto hizo que Patrick emprendiera el viaje con más confianza.

Fue a la estación de tren y compró los tiques para llegar a Frankfurt. Una vez en el tren, sacó su mapa de viajes. Un niño lo observaba desde el asiento de enfrente, Patrick siguió estudiando su mapa, hasta que el niño se le acercó y le preguntó adónde iba. Patrick le contó su gran sueño y el niño le dio unas galletas de chocolate para el camino:

––Te harán falta ––la madre del niño saludó a Patrick y también le anheló suerte en su travesía hasta el Polo Norte, se despidieron y el alce siguió su camino hasta Frankfurt.

Al llegar a Frankfurt, Patrick dio un paseo por la ciudad y fue a buscar a su amigo que vivía allí, se llamaba Igor y era un alce, igual que él. Patrick le contó todo lo que tenía planeado para llegar al Polo Norte. Igor quedó tan emocionado que también quiso acompañarlo, Patrick dudó un poco si debía dejar que Igor lo acompañara, porque este era muy travieso, pero no tuvo otra opción, Igor insistió tanto que tuvo que aceptar.

En la mañana temprano cogieron el tren para Hamburg. Igor quería ver el trayecto en el mapa, y fueron estudiando la mejor manera de llegar a su destino. El oficial del tren se acercó a ellos y les pidió el tique. Patrick mostró el suyo pero Igor, con la emoción del viaje, se había olvidado el suyo en la estación. El oficial hizo parar el tren y los dos bajaron, porque Patrick no iba a dejar solo a su mejor amigo: para eso están los amigos, en las buenas y en las no tan buenas.

Fueron caminando hasta Hamburg con la suerte de que solo faltaban unos kilómetros por llegar. Igor tenía mucha hambre y sed, pero a Patrick le quedaban algunas galletas de chocolate, así que se las ofreció y ambos las saborearon gustosos. Ya con el estómago tranquilo, encontraron la estación y aún faltaban tres horas para que saliera el próximo tren hasta Copenhague, Dinamarca.

Dieron un paseo por la ciudad, recorrieron su maravilloso puerto, y disfrutaron del agradable paseo hasta llegar a un lugar donde pudieron divisar el lema de la ciudad: “Que la libertad, lograda por los antepasados, sea conservada por los descendientes en dignidad”, esto inspiró mucho a Patrick para seguir el camino hacia sus sueños.

Ya era momento de abordar el tren y esta vez sí, ambos con el pasaporte y los tiques en mano, se dispusieron a abordar. El trayecto duraba cinco horas y veintiocho minutos, por lo que los dos amigos podrían ponerse al día en sus aventuras durante el trayecto. El tren se puso en marcha y Patrick sacó un retrato de su madre, que siempre le apoyaba en todos sus sueños y no lo dejaba desistir. Igor le contó a Patrick que él estaba trabajando en un sitio turístico paseando a los niños, era muy divertido y los niños le trataban muy bien. Patrick dijo que él quería quedarse el resto de su vida en el Polo Norte ayudando a Papá Noel, aunque extrañaría mucho a su madre, pero para él, ayudar a Papá Noel era una de las mejores cosas que se podía hacer por el bien de los niños.

Las horas fueron pasando y llegaron a la estación de Neümunster, luego pasaron por Flensburg, Fredericia, y por último llegaron por fin a Copenhague, Dinamarca. El oficial selló los pasaportes: “¡Prum!”, se escuchó el sello, y con una sonrisa en el rostro les dijo:

––Bienvenidos a Dinamarca, disfruten de su estadía, aunque no sé qué hacen dos alces por aquí ––Patrick le explicó su gran sueño al oficial, y este le dijo que conocía a un amigo que podría ayudarlos, le dio una dirección y les anheló mucha suerte.

Los dos alces se dirigieron al lugar donde les aguardaría el amigo del oficial, llegaron, tocaron timbre y salió un señor corpulento con una voz muy ronca que les preguntó:

––¿Quiénes son ustedes?

––Somos Patrick e Igor, el señor oficial del tren nos envió aquí para hablar con el señor Bär ––este los hizo pasar a una sala de espera y luego de unos minutos, apareció un enorme oso blanco muy peludo con un chaleco rojo.

––Buenas tardes, señores ––dijo el señor Bär, a lo cual, los dos alces respondieron:

––¡Buenas tardes!

––Me han dicho que necesitan ayuda para ir al Polo Norte.

––Así es ––respondieron los dos alces.

––¿Y cuál es el motivo de su viaje? ––preguntó el oso. Patrick respondió que iba tras su gran sueño, ser uno de los que tira el trineo de Papá Noel. El señor Bär no pudo evitar soltar una gran exclamación:

––¡Qué! Un alce tirando del trineo de Noel, ¿dónde se habrá visto eso? Estás confundido muchacho, creo que has hecho un largo viaje en vano ––y no pudo contenerse y comenzó a reír.

Patrick muy resuelto se colocó en frente del señor Bär y le dijo:

––¿Usted tuvo alguna vez un gran sueño cuando era pequeño? ¿Alguna vez tuvo que seguir sus sueños aunque le pareciera imposible? ––el señor Bär se quedó reflexionando un momento y miró a Patrick, y con una sonrisa en el rostro le dijo:

––Sí, muchacho, yo también tenía grandes sueños y no luché por ellos, así que te ayudaré para que logres alcanzar los tuyos. Te daré un mapa que te llevará al Polo Norte.

––Yo ya tengo un mapa trazado ––dijo Patrick, y le mostró su mapa al oso. El oso le dijo:

––Este es un mapa que te llevará hasta Groenlandia, pero el Polo Norte no está en ningún mapa, es un lugar Mágico que solo ciertos viajeros han visto y conocen. Allí vive Papá Noel con su esposa y todos los elementales mágicos de la naturaleza: hadas, gnomos, elfos… Todos ellos le ayudan a irradiar la magia en el carro celeste que es su trineo mágico, y que es tirado por los mejores renos, escogidos personalmente por Noel. Allí está la Reina de las Nieves con el Espíritu de la Navidad, ayudados por el Señor de los Vientos, el cual se encarga de enviar las nevadas con polvo de estrellas mágicas, el espíritu invisible del amor que transmite la magia en esta época de la Navidad.

Los dos alces se quedaron con la boca abierta escuchando cada una de las palabras del señor Bär, quien tras estas explicaciones, sacó de unos de los cajones de un escritorio que estaba en la sala de espera, un mapa de tamaño mediano, y cuando lo desplegó, salieron luces de aurora boreal, y los dos renos dieron un salto hacia atrás de la sorpresa. El oso les dijo que cuando necesitaran luz en el camino, debían abrir el mapa, y este les indicaría el camino correcto a seguir. Además les dio algunos consejos de cómo llegar más rápido, ya que el tiempo iba transcurriendo y la Navidad se acercaba.

El señor Bär les anheló suerte para alcanzar su destino, y le dijo a Patrick que si creía en sus sueños, se cumplirían:

––Nunca dejes de creer en ti muchacho ––le dijo, y se despidió de los dos alces.

Patrick e Igor se pusieron en camino para coger el barco con destino Gothenburg. Los dos alces subieron al barco y disfrutaron del hermoso paisaje, cada vez hacía más frio y Patrick sacó la bufanda que le tejió su madre para estar más abrigado. Llegando a Gothenburg debían esperar el siguiente barco que los llevaría a Stockholm, Tromsø y finalmente a la isla de Kaffekluben.

Pasaron por cada una de esas ciudades, y aunque los pasajeros observaban a los dos alces con mucha extrañeza, a veces se les acercaban para preguntar si no estaban perdidos, y ellos les contaban el destino de su viaje. Algunos sonreían, mientras que otros decían que eran dos alces locos tras un sueño imposible, pero esto no detenía a Patrick, porque él creía en sus sueños y, sobre todo, tenía la bendición de su madre para llegar a su destino. Igor quiso desistir muchas veces, pero Patrick no le dejaba, y como este no quería dejar solo a su gran amigo, seguía acompañándolo.

Ya estaban cerca de Kaffekluben, la isla se divisaba y el capitán anunció que en pocos minutos estarían desembarcando. Nada más pisar tierra firme, los dos alces entraron a una cafetería para tomar una deliciosa taza de chocolate y galletas de jengibre, puesto que el frío era cada vez más intenso.

Los dos alces estaban muy contentos de estar cerca de su destino, solo faltaban 707 kilómetros para llegar al Polo Norte, y el sueño de Patrick se haría realidad. Llenaron su mochila de más chocolates, zanahorias, y galletas, y se dispusieron a viajar siguiendo el mapa que les entregó el señor Bär.

Caminaban sobre el hielo, y cuando parecían perdidos, Patrick abría el mapa de donde salían luces de aurora boreal y les indicaba por donde seguir. Después de recorrer medio día, y cansados de tanto caminar, decidieron tomar un descanso y comer unas barras de chocolate para reponer las energías. Patrick le dijo a Igor que sería bueno retomar la marcha para llegar lo más rápido posible a su destino.

Cuando dieron algunos pasos, se encontraron con Pingüi y Mingüi, los pingüinos gemelos, que estaban de regreso a casa después de un largo recorrido desde la Patagonia hasta el Polo Norte. Igor los saludó y los pingüinos les dieron un saludo muy gracioso agitando sus aletas. Pingüi les dijo a los dos alces:

––Buenas, compañeros, ¿adónde van con tanta decisión, y cuál es el motivo de su viaje? ––Patrick les relató su sueño y toda la travesía que habían hecho hasta ahora. Mingüi dijo que ellos conocían a alguien que les podía ayudar a llegar más rápido a su destino. Los dos alces y los pingüinos gemelos se encaminaron hacia un pinar. Pero, ¿qué hacía un pinar en medio de un territorio congelado? Pues, cuando uno se adentra en Groenlandia, muchas cosas mágicas suceden, siempre y cuando creas en ello. Y todos los que estaban allí creían en la magia.

Caminaron durante unos veinte minutos y llegaron frente a un enorme pino con un hueco dentro de él. En ese hueco había una puerta labrada con unos símbolos que los alces no conocían. Pingüi dijo que eran unos símbolos rúnicos que estaban allí desde hacía muchísimo tiempo, no sabría decir cuántos. Tocaron a la puerta, esta se abrió  y un lobo negro salió a atenderles. Mingüi le preguntó por Lupus Freilan, y el lobo negro los hizo pasar a un salón muy iluminado y les pidió que aguardaran un momento. Cinco minutos después, un enorme lobo blanco entró al salón y los saludó:

––Buenas noches, caballeros ––los dos alces y los pingüinos gemelos respondieron al unísono:

––¡Buenas noches!

Lupus Freilan les preguntó a qué se debía la visita, y Patrick le relató todo sobre su gran sueño y la gran travesía que habían hecho. El lobo blanco se quedó reflexionando algunos minutos, y luego miró a los visitantes, y en especial a Patrick, y dijo:

––Bueno, muchacho, lo que puedo hacer para que puedas alcanzar tus sueños es ayudarte a atravesar el bosque de pinos blancos, donde el tiempo y la distancia no se miden. Lo que te llevaría muchos días, lo harás en horas. Esa es la magia que envuelve este bosque, en el que solo pueden entrar los que creen en la Gran Magia del Espíritu de la Navidad. Tras esto, el lobo blanco hizo los preparativos para salir inmediatamente, ya que muy pronto sería la Navidad, y no había tiempo que perder.

Todos estaban dispuestos para la nueva aventura: Patrick, Igor, Pingüi, Mingüi y el Lupus Freilan. Se adentraron en las profundidades del bosque blanco con la sensación de que sus pasos eran más veloces de lo que parecían. El lobo blanco les explicó que ahí todo era mucho más rápido y que en algunas horas saldrían del bosque. Cuando Patrick abrió el mapa para averiguar dónde estaban, la luz les indicó que habían llegado al Polo Norte. El Lupus Freilan y los pingüinos se despidieron de los dos alces y les anhelaron mucha suerte.

Los dos alces quedaron solos en medio de la nada, porque no había absolutamente nada en ese lugar, consultaron de nuevo el mapa y nuevamente les indicaba que habían llegado a su destino. Pero allí no había rastro de la casa de Papá Noel, ni de hadas, gnomos, o elfos. Nada. No había ni un alma en ese lugar, todo era un desierto de hielo.

La decepción de Igor fue muy grande, y este le dijo a Patrick:

––¡Un viaje tan largo para nada! ¡Estamos en medio de la nada! No lo puedo creer, Patrick, hemos recorrido miles de kilómetros para llegar a ningún lugar ––Patrick le respondió:

–Debimos de haber hecho algo mal, el mapa indica que estamos en el Polo Norte.

Nuevamente consultaron el mapa, pero este seguía indicando que habían llegado a su destino. Igor comenzó a ponerse nervioso, estaba con mucho frío y muy cansado, por lo que Patrick le dijo que harían una fogata con las chispas mágicas que le había entrega el señor Bär, esas chispas se encendían hasta sobre un bloque de hielo,  pasarían la noche allí aguardando a que algún milagro ocurriera. Él sentía en su corazón que estaban en el lugar indicado y que debían esperar.

Llegó la noche y la aurora boreal era cada vez más intensa. Patrick está fascinado con el espectáculo de la naturaleza: la energía, las luces, los colores y, sobre todo, una magia especial que comenzó a rodear el lugar. Al llegar la medianoche, los alces se dispusieron a descansar, pero con tanta luz no lograban hacerlo. De un momento a otro escucharon un tintineo de campanitas que se repetía una y otra vez, miraron a su alrededor y vieron cómo los fulgores de la aurora boreal impregnaban todo el lugar, y cómo unas pequeñas luces giraban e iban de un lugar a otro. De repente, en un abrir y cerrar de ojos, comenzaron a aparecer unas hermosas casitas de colores adornadas con arreglos navideños, luces, y lámparas. Cada vez aparecían más y más hermosas casitas con sus chimeneas, y de a poco se fue divisando una pequeña aldea, hermosa, y toda adornada con el maravilloso Espíritu de la Navidad. Igor no salía de su asombro y daba saltos de alegría al ver que la pequeña aldea de Papá Noel estaba frente a sus ojos. Patrick fue caminando por el medio de la aldea hasta que llegó a un lugar donde había un cartel que decía: “Solo para Renos de Noel”.

Entró en el establo y vio cómo tres elfos cuidaban de seis renos, grandes, hermosos y fuertes. Se les acercó y saludó a los elfos Weilly, Wailly y Willey. Los tres elfos eran los responsables del cuidado especial de los renos que tirarían del trineo esta Navidad. El trineo estaba a cargo del gran elfo Wunorse Openslae, quien era el diseñador del trineo mágico y se encargaba de que todo estuviera en su punto exacto para el gran viaje de Papá Noel en Nochebuena.

Patrick quedó muy emocionado y les contó a los tres elfos todo sobre su sueño y su travesía hasta el Polo Norte. Los elfos comenzaron a reír sin parar, y cada vez que veían a Patrick se miraban y decían: “¡Un alce que quiere ser un reno!”. En esos momentos llegó Wunorse y preguntó qué sucedía, de ahí que los elfos le contaron la historia de Patrick. El gran elfo lo miró y le dijo:

––Muchacho, yo mismo he diseñado el trineo mágico de Noel, y este solo es tirado por unos renos que son escogidos por tener una preparación especial. Un alce no está preparado para este viaje, así que lo siento mucho, tu viaje fue en vano.

Patrick e Igor quedaron en silencio ante estas palabras, y no pudieron más que resignarse, pero cuando salieron del establo se dirigieron a la casa de Papá Noel, en un último intento por lograr su sueño. Tocaron a la puerta y un gnomo los atendió. Era un gnomo que tenía un gorro con puntas de color rojo, cara redonda y una barba larga que le llegaba hasta las rodillas. Llevaba un saco verde y uno pantalones rojos con botas blancas. Patrick pidió permiso y entró en un salón donde había una gran chimenea totalmente adornada con guirnaldas, luces, estrellas y flores de pino silvestre. Allí había una escalera que iba al segundo piso, donde se divisaba a Papá Noel en un escritorio de madera. El gnomo, que se llamaba Reunald, les dijo que aguardaran un momento, Noel los atendería en unos minutos. Los dos alces se sentaron en un enorme sillón color verde, y Patrick se puso a observar el maravilloso lugar: las luces, las guirnaldas, las velas de colores y una enorme lámpara de cristal. Toda la casa era de madera y se sentía un aroma delicioso a cedro, además del que desprendían el árbol de pino y los frutos silvestres que estaban debajo. Ese hermoso árbol de Navidad le recordaba su hogar en München. Mientras Patrick seguía volando con sus pensamientos, se escucharon unos pasos descendiendo las escaleras, era Papá Noel quien saludó a los dos alces con una enorme sonrisa.

––Buenas noches, muchachos, los estaba esperando. Mi gran amigo, el señor Bär, me dijo que llegarían hoy. ¿En qué les puedo ayudar? ––aunque Noel sabía del sueño de Patrick, prefería que fuera él quien lo dijera. Así, Patrick le relató todo, desde su sueño hasta la travesía para llegar al Polo Norte. Papá Noel escuchó con mucha atención y les dijo a los dos alces, que la tradición era que su trineo debía ser tirado por renos, que nunca se había presentado una situación de esta naturaleza, y que debía de pensarlo y llevarla al consejo del Polo Norte, donde convocaría una asamblea de emergencia.

Todo el Polo Norte estaba en un enorme revuelo, porque quedaba poco tiempo para la Navidad y esta asamblea no entraba en los planes. Sin embargo, todos respetaban las decisiones de Noel, por lo que en un abrir y cerrar de ojos todos estuvieron sentados en el gran salón de Noel. Los últimos en entrar fueron Patrick e Igor, Papá Noel estaba con Mamá Noel a su lado.

Papá Noel dio inicio a la asamblea y como ya todos sabían de qué se trataba, lo dispusieron a votación. Los elfos se acercaron a Waldemir, el jefe constructor de los juguetes, y le dijeron que esto nunca había ocurrido, pero como se trataba de un sueño, se le debía de dar la oportunidad.

Los gnomos hablaron con Hirandiall, su orientador y guía mágico, también opinaban lo mismo.

Las hadas sacudieron sus alitas y fueron a hablar con Sarabella, su princesa, y también dijeron que debían de tener en cuenta que se trataba del sueño de Patrick.

Wunorse, el diseñador del trineo, dijo que era imposible:

––El trineo fue construido para ser tirado por renos. ¡Es imposible! Un alce no puede hacerlo. Esta es mi última palabra ––Gutemfulgor, el guardián del secreto de la aldea de Papá Noel, reflexionó por un momento y dijo:

––Si el alce es capaz de tirar del trineo mágico, se le debería conceder su deseo.

Papá Noel intervino y dijo:

––El Espíritu de la Navidad está para cumplir los sueños, así que debemos darle la oportunidad a Patrick el alce ––Mamá Noel se acercó a Patrick, le acarició sus hermosos cuernos, lo miró con ternura y le dijo:

––Si tú crees en tus sueños, lo lograrás. Yo creo en ti Patrick ––y le dio un beso.

Wunorse refunfuñó, pero aceptó la decisión de la asamblea de darle una oportunidad a Patrick. Los Elfos Weilly, Wailly y Willey acompañaron a Patrick y a Igor al establo para prepararlo para su primer vuelo. Patrick estaba nervioso pero feliz de poder tener esta gran oportunidad.

Todos fueron a las calles de la aldea. Wunorse trajo el trineo mágico, los tres elfos trajeron los seis renos y también a Patrick el alce. Todos se hallaban dispuestos y el trineo preparado. Papá Noel se sentó en el trineo y le pidió a la princesa de las hadas, Sarabella, impregnar con polvo de estrellas fugaces a Patrick, lo cual le ayudaría a volar. Mamá Noel preguntó a los renos:

––¿Estáis preparados? ––estos respondieron con un sí al unísono. Y también Patrick respondió afirmativamente.

––¡En marcha! ––dio la orden Papá Noel. Randy, Landy, Wandy, Durtill, Furtill y Tristill se pusieron en marcha, y como Patrick iba al final, también obedeció la orden, pero no pudo seguir el ritmo de los renos e hizo que Papá Noel frenara bruscamente y chocaran ante un montículo de nieve. Papá Noel condujo nuevamente el carro a la pista de la aldea, y les dijo a todos:

––¡Intentémoslo nuevamente! ––Y dio la orden de partida––. ¡A volar!

Los renos comenzaron a tirar del trineo, y aunque Patrick también lo hacía, se desestabilizó y chocaron, esta vez contra la tienda de juguetes. Mamá Noel se acercó y acarició a Patrick, le dio una porción de zanahorias mágicas preparadas por ella misma y le dijo:

––Debes de creer en ti, no lo olvides. Si tú no crees en ti mismo, no podrás lograr alcanzar tus sueños ––le sonrió tiernamente y Patrick se sintió con mucha fuerza.

Wunorse se acercó a Papá Noel y le dijo:

––No es bueno que estemos exponiendo a los renos por un alce y su sueño imposible. Esta debería ser la última oportunidad ––Papá Noel sabía que Wunorse tenía razón, y asintió. Sería la última oportunidad. Igor se acercó a Patrick y le dijo:

––Creo en ti, amigo. Tú puedes lograrlo ––Randy, el reno con más experiencia se acercó a Wunorse y le dijo que como Patrick tenía mucha fuerza, sería mejor que fuera al frente de todos. Wunorse no quiso escucharlo, pero Papá Noel aceptó la sugerencia de su gran amigo Randy y así lo hicieron. Ahora, Patrick iba al frente de todos los renos y sintió la gran responsabilidad que caía sobre él. Miró al cielo, a la Gran Estrella del Norte, y pidió con todas sus fuerzas al Espíritu de la Navidad que le concediera el milagro de volar.

Todos se colocaron nuevamente en sus puestos. Papá Noel tomó las riendas del trineo, y los renos estaban listos, al igual que Patrick el alce. Antes de que Noel diera la orden a Randy, le dijo a Patrick:

––¡Ten fe, muchacho, tú puedes! ––y se oyó la voz de Noel que decía––: ¡A volar, muchachos!

Patrick comenzó a correr con todas sus fuerzas con sus ojos mirando la Estrella del Norte. De repente, sintió cómo su cuerpo flotaba de a poco, y cada vez subía más y más. Y no dejó de correr…

Todos en la aldea gritaron de alegría. Mamá Noel y Sarabella sonreían ante el milagro. Papá Noel decía:

––¡Muy bien, muchachos, sigan así! Patrick, lo haces muy bien, lo lograste, muchacho, lo lograste ––Patrick sentía cómo su cuerpo flotaba y volaba libremente por el cielo nocturno del Polo Norte, y en su corazón le hablaba a su madre: “lo he logrado mamá, lo he logrado”.

Igor no paraba de saltar y gritaba para que Patrick pudiera oírle:

––¡Lo lograste amigo, lo lograste!

Papá Noel ordenó a Patrick y a los renos regresar a la aldea, y así lo hicieron. Muy lentamente fueron descendiendo y se posaron sobre la nieve blanca. Papá Noel dijo:

––Fue un aterrizaje perfecto, Patrick.

Todos fueron corriendo a felicitar a Patrick, el primer alce en tirar del trineo de Papá Noel. Incluso Wunorse le felicitó, y los tres elfos lo abrazaron con mucha efusión mientras le decían:

––¡No creímos que pudieras lograrlo, pero lo has hecho! ––Wunorse dijo:

––Ahora es bueno que descansen, hay mucho por hacer y solo quedan algunos días para la Navidad.

Llegó el día antes de la Nochebuena, y el trineo de Papá Noel estaba cargado con todos los juguetes que los niños habían pedido en sus cartas. También llevaba polvo mágico de estrellas fugaces, para así espolvorearlo por el mundo y que siga habiendo magia, amor y fe. Los renos estaban en sus puestos y Patrick el alce iba al frente. Papá Noel dio la orden:

––Randy, Landy, Wandy, Durtill, Furtill y Tristill ––y dio una sonrisa a Patrick y dijo––: ¡En marcha!

Los seis renos, junto con Patrick, comenzaron a correr con todas sus fuerzas, y de a poco volaban por el cielo nocturno del Polo Norte. El trineo estaba iluminado por la luz de la aurora boreal y las hadas habían colocado en las campanillas de los renos y de Patrick, polvo de estrellas fugaces, y a medida que se alejaban, se veían como estrellas fugaces viajando por el cielo.

Así fue como Patrick el alce logró cumplir su sueño de tirar del trineo de Papá Noel, y así tú también puedes lograr alcanzar tus sueños, aunque creas que son imposibles. Solo hay que tener fe y llenarse del Espíritu de la Navidad. Te invito a que mires el cielo nocturno en Nochebuena. Si crees en ello, podrás ver a Patrick el alce tirando del trineo de Papá Noel.

¡Feliz Navidad para todos!

 

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