El Guerrero Unai

Tomados de las manos, Lily y el guerrero Unai, con la guía del hada Eirny, fueron hacia el bosque misterioso de las hadas y  de los elfos, pero Lily observó que cerca de las cascadas Gullfoss no había árboles, y le preguntó a Unai:

––¿Dónde está el bosque?

––Nos encontramos en el cañón del río Hvitá, en el suroeste de Islandia, uno de los ríos más peligrosos de este país ––le explicó Unai––. El bosque está justamente aquí para que su acceso no sea fácil, y es invisible a los ojos porque muchas veces se les dio la oportunidad a los humanos de visitarlo y lo profanaron. Ahora solo es aceptado aquel que es digno de entrar en el bosque, pero siempre debe ir acompañado de un guía y su protector, ya que en este bosque no solo están los duendes, las hadas y las almas de los árboles y los animales mágicos, también habitan los trols y los elementarios, que son distintos a los elementales de los árboles, de las piedras o de los animales. Al contrario que estos, los elementarios son fuerzas negativas que quieren que la magia y el amor se acaben para dominar este bosque y todos los bosques mágicos del planeta. Los trols son fuerzas negativas en forma de ogros que persiguen a los duendes y los gnomos, y molestan a los niños para que no crean en la magia. Existen varios tipos de trols, unos son amigos y otros enemigos. Yo estoy aquí para protegerte de ellos, y el hada Eirny para guiarte, pero tampoco debes olvidar lo que llevas en tu bolsa naranja. Cada elemento que se te entregó, te ayudará en algún momento del camino, así como lo hizo la lámpara Alim que te otorgó el hada Shampillom.

Lily se aferró más a las manos de Unai y continuaron su camino, el Guerrero Unai percibió cómo Lily lo observaba de vez en cuando, y esta le preguntó:

––¿De dónde vienes, Guerrero Unai? Me habías dicho que eres de la península ibérica, ¿pero podrías contarme cómo has llegado hasta aquí? ––el Guerrero Unai comenzó a narrarle parte de su historia.

––Hace nueve mil años apareció Marié, un ancestro de mi abuela, y con ella el de mi madre, que era una elfa. Esta es la primera mujer que dio origen a nuestro linaje, que parece haberse originado exclusivamente en Europa, más concretamente en Alemania. Esta rama dominó la Europa Atlántica, perteneciendo a este linaje una parte de la población de Escocia y Gales, y también una parte de la población de Islandia, que recorrió la costa Atlántica, desde Noruega hasta Portugal, y de allí a la península ibérica y los países del mediterráneo. Mi padre es humano y se enamoró de mi madre, que es una arquera élfica de la península ibérica. Los elfos no permiten la mezcla entre humanos y elfos, pero el amor de mi padre era tan grande que la raptó y se la llevó por las costas españolas, y ahí nací yo, mitad humano y mitad elfo. Después mi padre regresó con mi madre junto a su familia, los elfos tuvieron que aceptarlo, y como mi padre es constructor, se convirtió en el constructor jefe de los elfos. Él viaja mucho, porque a veces lo necesitan en distintos lugares del planeta para la construcción de los bosques mágicos. También tengo un hermanito, se llama Danielle, y es más elfo que humano, siempre va montado en un lobo, su gran amigo llamado Londrian. Conocerás a Danielle y a su lobo, son muy traviesos, debes estar atenta y no solo tener cuidado de los trols y los elementarios, sino también de las travesuras de Danielle.

»Yo tengo las habilidades de la construcción y el diseño de mi padre, y las habilidades en el arco que me fueron enseñadas desde pequeño por mi madre. Aunque mi madre dice que soy excelente con el arco, disfruto mucho diseñando los bosques, con sus elfos y magias, un arte que me hace volar por otras dimensiones dentro del propio bosque.

Luego de oír el relato de Unai, el hada Eirny les avisó que habían llegado al portal mágico. Se detuvieron y buscaron la piedra de Gunnar, el gnomo guardián de las llaves mágicas del bosque. Unai dio tres golpes a una piedra y se oyó desde su interior:

––Hver kallar? (¿quién llama?)[1].

––Soy yo, Gunnar ––dijo el Guerrero Unai­­––, estoy aquí con el hada Eirny y Lily. Hemos llegado.

––Að lokum! (al fin) ­­––dijo Gunnar, el gnomo, y del interior de la piedra salió un gnomo con un gorro rojo puntiagudo, barbas blancas, saco azul, pantalones marrones, y unas botas blancas y peludas. Llevaba un cinturón del cual colgaba una bolsa de cuero marrón, y medía unos quince centímetros. Gunnar saludó a los tres viajeros:

––Velkomin! (bienvenidos). Los estaba esperando desde ayer.

––Tuvimos un contratiempo con los vórtices ––respondió Unai.

El hada Eirny se acercó al gnomo Gunnar y revoloteó a su alrededor, y Gunnar, sonriendo, saludó al hada. Esta se acercó a la nariz del gnomo y le dio un beso. Gunnar sonrió y dijo:

––¡Me haces cosquillas! ­­––y todos sonrieron también. Pero al gnomo no le gustaba perder el tiempo y les dijo a los chicos­­––: Vamos a lo que nos interesa ––sacó de la bolsa de cuero que llevaba en su cinturón una llave dorada y pidió a Unai que usara su flecha mágica, la flecha que su Madre Kristal le había obsequiado. Esta flecha la habían fabricado los Elfos, y podía recorrer kilómetros sin ser desviada por nada ni por nadie, podría incluso abrir los portales de protección de los bosques. Unai pidió a Lily que soplara la flecha y se concentrara en el bosque mágico de Gullfoss. Esta así lo hizo, y a una señal de Gunnar, el guerrero Unai disparó la flecha en dirección al sur. Cuando la flecha fue cayendo, se vio como si atravesara una luz verde transparente, y poco a poco fue apareciendo ante ellos el bosque mágico de las hadas y de los elfos.

Gunnar le dijo a Lily que debían esperar unos minutos a que cristalizara todo el bosque, y él abriría con la llave que tenía en las manos el Camino del Aprendizaje. Lily se quedó reflexionando por unos minutos sobre lo que el gnomo le había dicho, y cuando menos lo esperaba, cristalizó ante ellos una puerta de madera que tenía tallados en la parte superior dos leones y un árbol. Gunnar le explicó que los dos leones eran los guardianes de la puerta, y que el árbol representaba la sabiduría del bosque. Gunnar introdujo la llave en el cerrojo, y al girarla, la puerta se abrió ante ellos. Desde allí se podía divisar un camino en medio del bosque con unos faroles a ambos lados del camino. Pero era un camino muy diferente al cual Lily estaba acostumbrada, porque el camino estaba hecho de libros. Libros grandes, medianos, pequeños… eran tantos que no daba para hacer la cuenta. Unai, el hada Eirny, y el gnomo Gunnar, miraron a Lily y le señalaron el camino que debía empezar a recorrer. Gunnar le dijo a Lily:

––Aquí aprenderás sobre la magia y el amor a los demás, pero debes tener cuidado, porque las fuerzas negativas de los elementarios y los trols no querrán que lo hagas. Usa lo que llevas dentro de tu bolsa naranja, y el guerrero Unai y el hada Eirny estarán  contigo para ayudarte y protegerte. Así se despidió el gnomo Gunnar, anhelándole mucha suerte en su travesía.

En ese momento, y acompañada del guerrero Unai y el hada Eirny, Lily comenzó a dar sus primeros pasos en el Camino del Aprendizaje. Aunque este camino debía recorrerlo con la ayuda de sus dos amigos, dentro de ella sabía que todo dependía de su valor, continuidad de propósitos y, sobre todo, no dejar de Creer nunca en la Magia y el Amor. Sacó de su bolsa naranja un poco de Polvo de Estrellas y lo lanzó sobre los tres, porque Antares, el unicornio azul, le había dicho que cuando necesitara valor para empezar una tarea, debía rociarse con polvo de estrellas, y estas, con su brillo y luz, la ayudarían.

Así fue como Lily dio su primer paso hacia el bosque mágico de las  hadas y de los elfos, y paso a paso fue llegando al primer escalón de libros, de color rojo y letras doradas. Ella lo miró y se asombró al leer el título: “Haz que tu Estrella Luz Brille”…

[1] Gunnar habla en su idioma, el islandés.

Happy New Year

El Señor del tiempo no se hace esperar, y a cada segundo marca un paso hacia adelante; aunque dentro del tiempo puedes viajar al presente, pasado o futuro, él no se detiene ni para pensar.

Solo faltan unas horas y el Señor del tiempo dará inicio a un nuevo conteo. Toda la Magia del Planeta se está preparando para el gran evento en donde, en cada lugar, cuando el reloj marque las 00:00, las Estrellas irán detrás del Señor del tiempo marcando sus pasos uno a uno, y la Naturaleza con toda su Magia lo acompañará.

Polvo de Estrellas y Magia en tu corazón es mi anhelo en este nuevo viaje que emprenderás, en el cual el Señor del tiempo nos guiará hasta el final…

El Milagro de las Galletas de Navidad

Estamos a final de noviembre y hoy vamos a visitar a mi nonna, Mimi, que es la madre de mi madre. Cuando la veo, pareciera que hubiera salido de un libro de cuentos, con sus ojos verde esmeralda que brillan como una aureola boreal, su sonrisa llena de dulzura y sus cabellos brillantes de plata que cuentan los años que han pasado, y “no en vano”, como ella siempre me dice. ¡Ah! Por cierto, soy Lily, y hoy les voy a contar por qué espero con tantas ansias la Navidad.

Aunque ahora se ha perdido gran parte del significado de la Magia de la Navidad, de su Espíritu, mi nonna Mimi se encargó de que yo comprendiera su importancia, y me enseñó a “sentir y vivir” la Navidad. A muchos les parecerá un poco cursi todo esto, pero no se apresuren, sigan leyendo, y luego me dirán si a ustedes también les atrapó la dulzura de la Navidad.

Cada primero de diciembre, mi familia, compuesta por mi padre, Giuseppe Brentano; mi madre, Giorgia Di Angelo; y por mí, Lily Brentano Di Angelo, vamos a hacer galletas a casa de mi nonna Mimi. Es una tradición que ella heredó de su mamma y de su nonna: “La Gran Familia Italiana”.

Nonna Mimi me contaba que los ingredientes para preparar unas galletas ricas y especiales debían de ser de “alta calidad”, y cuando se refería a “alta calidad”, no era cualquier cosa. Ella iba a las granjas de los alrededores de Nashville —¡ups!, se me había olvidado decirles que vivo en Nashville, Tennessee, y “Amo mi Ciudad”. Es un poco exagerado, pero los del sur somos así— buscando los ingredientes más frescos y saludables.

Nonna Mimi tiene una manera muy agradable de dirigirse a las personas y es muy querida por todos, y si aún no la conocen, ella se encarga de que lo hagan. A sus setenta años, tiene la fuerza de una dama de cincuenta y el carácter de un General de Estado Mayor —en guerra—. Lo siento abuela Mimi, no debería decirlo, pero yo te Amo y tú lo sabes, y soy tu única nieta, así que no te enfades.

A mis quince años, mis amigas y yo vamos de compras siempre acompañadas de mi madre Giorgia —una agente de la CIA—. No, no es una agente de la CIA, pero cuando salimos con mis amigas, actúa como si lo fuera, y siempre me repite lo mismo: “niña, en mi época tu nonna no me permitía esto”. Sin embargo, para mis amigas soy un poquito “especial”, y con especial me refiero a que prefiero ir a las librerías, sentarme en el piso y leer historias fantásticas de los libros más maravillosos, y poder transportarme así a lugares distantes, y formar parte de la aventura de cada libro que leo. A veces, cuando cierro un libro y miro a mi alrededor, me digo a mi misma: “¡Oh, no, estoy aquí —en la librería—!”, porque me identifico tanto con los personajes que a veces soy una princesa, una guerrera del pasado o un hada mágica. En fin… esa soy yo, Lily Brentano Di Angelo.

Mi padre, Giuseppe, es editor de libros infantiles. Viaja una vez al año a su natal Italia para asistir a la Feria del Libro de Bolonia, y a su regreso trae las últimas novedades de las librerías para “la hija que más quiere”. Yo siempre le digo, papà, soy tu única hija, se supone que debes quererme más que a nadie, y ambos soltamos una risa. Mi padre es mi gran amigo, mi cómplice y mi compañero de “aventuras literarias”.

Ahora sí, volviendo a las galletas, o mejor, a los ingredientes de las galletas de Navidad, hoy es sábado primero de diciembre y es el momento de buscar los ingredientes para las galletas —¡ups!, creo que esto ya lo había dicho, pero para que no se les olvide, lo vuelvo a repetir—. Imagínense por un momento un hermoso lugar en las afueras de Nashville, todas las granjas llevan sus mercancías para exponerlas, y así ofrecerlas a su clientela en The Nashville Farmers’ Market. Allí, los aromas de mantequilla fresca, panes, pasteles, pies, huevos, quesos y mermeladas se confunden. Hummm… perdón, por un momento me transporté hasta allí, ¿no les sucedió lo mismo?

Ahora de verdad que sí, continuemos. Ya habiendo escogido y comprado los ingredientes ideales, nos dispusimos a regresar, no sin antes saborear unos deliciosos croissants de Maison Chace. Mis Padres y yo somos fanáticos de estos croissants. Como dice mi papà, están veramente squisiti.

Después de la dulce parada, subimos al coche para la gran misión de las Galletas de Navidad. Llegando a la casa, mi nonna colocó los ingredientes sobre la mesa de la cocina y nos dio a todos, incluyendo a mi papà, unos graciosos gorros color verde con cuernos de reno, unos delantales rojos con el rostro de Papá Noel, y zapatos crocs también de color verde a juego. Mi padre, con cara disgusto, preguntó a mi nonna:

––¿Es necesario esto? ––y mi nonna, como toda siciliana, le dijo:

––O se hace como tiene que ser o no se hace, y aquí sólo hay una opción, hacerlo ––lo dijo con un acento tan firme de militar en guerra, que mi papà no volvió hacer una pregunta de ese estilo.

Ya todos con los uniformes puestos comenzamos, cada uno con su bol en mano y mi nonna en el medio, indicando el orden de los ingredientes:

260 gramos de harina: tamizamos la harina muy suavemente. Esto es muy importante, la suavidad con que lo hagamos, logrará que los milagros se cumplan.

100 gramos de azúcar moreno: la dulzura de la Navidad debe ir incluida en este ingrediente, porque para hacer unas galletas sin dulzura es mejor no hacerlas. Cuando mi nonna se refiere a la dulzura, es la proporción de cariño y bondad que cada uno puede depositar dentro de estas galletas.

5 gramos de bicarbonato: este ingrediente es muy importante porque hará que las galletas queden suaves, en su punto. Es como las palabras de amor que podríamos decir a cada persona que necesite de nuestra ayuda, y así suavizarlas con nuestras palabras.

1 cucharadita de canela: hum, qué aroma, qué sabor, mi nonna dice que este ingrediente cura todas los dolores del año, cicatriza cualquier herida por más profunda que sea, en el cuerpo y en el alma.

1 cucharadita de jengibre en polvo: esta raíz es muy importante, porque como viene de la tierra, recoge toda la fuerza de la Madre Naturaleza y nos armoniza, de ahí que el toque de jengibre armonice a las personas, una característica principal de la Navidad.

1 pizca de sal: mi nonna nos explicó que si no hay equilibrio entre el rigor y el amor, nada puede funcionar, y este es el trabajo de la sal, equilibrar los sabores para así integrarlo todo mejor, en armonía, con paz y amor.

1 huevo: después nos dijo que cada uno batiera un huevo en un plato con un tenedor, que no lo hiciéramos con la batidora porque el calor de las manos y los movimientos del tenedor transmitían todo el entusiasmo y la alegría a las galletas. Seguidamente lo debíamos agregar a los ingredientes secos anteriores.

150 gramos de mantequilla: por último, el toque más importante, la mantequilla. Mi nonna nos explicaba que la mantequilla es el resultado de la transformación o mutación milagrosa de la crema de leche en algo superior. Con ello quería que entendiéramos que transformar una materia regular en nosotros en algo superior era muy importante, que nada cambia en nosotros si no lo transformamos, o sea, el odio en amor, el dolor en alegría, la impaciencia en tranquilidad, y así sucesivamente. La mantequilla debía de estar blanda y debíamos batirla con las manos hasta que quedara cremosa, y una vez cremosa, agregarla al resto de ingredientes, mezclándolos todos muy bien hasta lograr una masa suave y homogénea. Nos dijo que debíamos de amasar transmitiendo los anhelos más hermosos y elevados de nuestro corazón, y ella comenzó a cantar:

“Noel, Noel, Noel, Noel ha nacido el Rey de Israel.

Levantaron la vista y vieron una estrella

brillando en el Este, más allá del horizonte.

Y a la Tierra dio gran luz, y así continuó,

tanto de día como de noche.

Noel, Noel, Noel, Noel ha nacido el rey de Israel.”

Todos comenzamos a cantar con ella, y sentí en mi corazón como cada ingrediente iba haciendo efecto en mi familia. Mi nonna me sonrió porque comprendió lo que en ese momento estaba sintiendo. Ella nos dijo que acabábamos de colocarle el ingrediente más importante, los tres nos miramos porque no habíamos puesto ningún ingrediente más, pero ella se refería a ese momento especial que creamos con la canción.

Ahora debíamos de colocar un paño sobre la masa y dejarla en reposo para que el Espíritu de la Navidad pudiera impregnar la masa.

Mientras esperamos a que transcurriera una hora mágica, mi nonna nos hizo un delicioso chocolate con marshmallows, y lo disfrutamos en frente de la chimenea. Fue un momento muy especial, reunidos en familia.

Pasaron los sesenta minutos de magia, y cada uno con su rodillo nos dispusimos a estirar la masa. Mi nonna nos acercó los moldes para cortar las galletas: arbolitos, muñeco de nieves, reno, etc. Cada uno hizo su trabajo a la perfección, con las bandejas forradas con papel y mantequilla, y dispusimos las galletas para que pudieran ser horneadas.

Fueron colocadas en el horno a 180 grados durante 20 minutos, y después de eso, ya estaban prontas para ser enfriadas y decoradas. ¡Llegó el momento más divertido, la decoración de las galletas! La nonna preparó el glaseado con azúcar, claras de huevos y limón, y lo batió con tanto cariño que los tres nos quedamos mirándola, y ella nos dijo:

––¡Niños, despierten, es hora de decorar! ––soltamos una risa. Creo que todo el ambiente que habíamos creado era por el Espíritu de la Navidad que había rodeado la casa de mi nonna y las galletas.

Mi nonna rellenó las mangas con distintos colores, y cada uno fue poniéndole la fantasía de colores a las galletas. Cuando terminamos, y todas las galletas estaban listas para ser repartidas, mi nonna nos dio unas canastas de Navidad decoradas, y las colocamos en ellas con mucha dedicación para que no se dañaran.

Mi nonna nos dijo que primero las entregaríamos a sus vecinos. Cuando nos dispusimos a cambiarnos, mi nonna nos dijo que no debíamos hacerlo, que parte de la diversión de entregar las galletas era hacerlo con el uniforme de cocina, pero yo solté un muy alto:

––¡No! Nonna, por favor, no necesitamos salir con estos uniformes, por favor ––pero cuando a mi nonna se le mete algo en la cabeza, nadie se lo saca. En fin, ya saben, tuve que obedecer. Una chica de mi edad no tiene voz ni voto en su casa.

Al salir por el vecindario,  cada vecino agradecía la amabilidad de nuestra familia, pero ocurrió algo que no me esperaba. Llegamos a la casa de Michael Clawson, el chico más popular de la escuela, el cual siempre me molestaba por mis trenzas desde que era pequeña, cuando visitaba a mi nonna. Michael y sus amigos me llamaban “trenzas”, lo cual me molestaba mucho.

Le dije a mi nonna que me quedaría en el coche, pero esta no me lo permitió, dijo que debía de ser con todos por igual, y que la señora Clawson era una muy buena amiga y su hijo, un chico estupendo.

“¡Qué! ¿Estupendo? Si es el chico más burlón de toda la escuela, además de creerse que puede tener a cualquier chica que quiera. ¡No! ¡Definitivamente, no! Pero mi nonna siguió insistiendo y la puerta de los Clawson se abrió, y allí estaba él. El chico popular, Michael Clawson, con esos ojos azul cielo, su pelo castaño claro y esa maravillosa sonrisa que me… ¡qué! ¿Qué estoy diciendo? ¡Lily Brentano Di Angelo! ¿En qué estás pensando? Es Michael de quien estás hablando. ¡Despierta ya!”

No pude seguir con mis pensamientos porque Michael nos saludó a mi nonna y a mí:

––Señora Di Angelo y… trenzas, ¿cómo están? ¿En qué les puedo servir? ––antes de que pudiera modular alguna respuesta a la ofensa de Michael, mi nonna le dijo a Michael que venía a traerles las galletas a su madre, y este llamó a su mamá. La señora Clawson saludó con tanta efusión a mi nonna que no tuve la oportunidad de responder a Michael.

Yo no veía la hora de que acabase la conversación entre mi nonna y la señora Clawson, pero cuando finalizaron, mi nonna tuvo la magnífica idea de invitar a Michael a visitar The Children`s Hospital at TriStar Centennial. En un arranque de locura momentánea, le dije a mi nonna que no necesitábamos ayuda, que los cuatro podríamos hacer las entregas, y que seguramente el señor Clawson tendría muchas tareas con su madre estos días. Y él, muy petulante, me sonrió y dijo que con mucho gusto lo haría. Yo quedé en estado de shock, y mi nonna sonrió gustosamente, lo cual no me hizo ninguna gracia. Era un atentado familiar en contra de mi dignidad y de mis trenzas. Michael fue por una chaqueta y sus accesorios, me preguntaba a qué se refería cuando dijo accesorios. Luego de quince segundos Michael regresó con la misma gorra verde de reno, el delantal de Papá Noel y los zapatos a tono en verde. No podía creer lo que estaba viendo, mi propia nonna lo planeó todo en mi contra. Esto era definitivamente una traición, y no podría ser perdonada. Mi indignación era tal, que solo giré y fui directamente al coche. Mi nonna, viendo mi actitud, se dirigió con Michael también al coche.

Mi padre manejaba el coche, mi madre iba a su lado y mi nonna, la traidora, iba detrás conmigo y el petulante.

Llegamos al hospital y mi papà nos dijo que no debíamos olvidar los cuentos infantiles que estaban en la baulera. Ya con la caja en las manos, llegamos a una habitación donde había un niño muy pequeño con problemas de doble infección de oído, dificultad para respirar y mucha tos. Se llamaba Denver y su madre Amber, quien nos relató que Denver llevaba varias semanas enfermo, que se recuperaba pero luego recaía. Ella era la empresaria de las famosas camisetas Native In Nashville, de las cuales yo era fan, pero lo dejaba todo por su niño. Mi nonna me dijo que el Amor de una buena madre era incomprensible, que Dios bendice a todas las madres con ese gran Amor y Fuerza para sobrellevar cualquier dificultad.

Mi nonna me pidió que le leyera un cuento a Denver, y su madre lo agradeció mucho. Se me ocurrió leerle una adaptación para niños del Cuento de Navidad de Dickens. Comencé a leerlo, y Denver sonreía con los gestos y caras que ponía. Me movía de un lugar a otro tratando de que el pequeño Denver pudiera entender a su corta edad lo que le quería transmitir. Al pasar a la siguiente página, Michael continuó la lectura sin previo aviso. Yo quedé en shock nuevamente, no podía creer lo que veían mis ojos: Michael Clawson, el petulante de secundaria, leyendo un libro de cuentos infantiles, y por cierto, lo hacía de maravilla. Quedé con la boca abierta, observándolo tanto que mi nonna me dijo:

––Lily, cierra la boca ––en esos momentos, mi rostro comenzó a arder como un tomate frito. No podía creer que me estuviera sucediendo esto, ¿a mí, Lily Brentano Di Angelo?

Michael terminó su relato y todos los presentes, enfermeros, mi nonna, Amber y hasta Denver, dieron un aplauso por tan buena lectura. Michael se me acercó y me dijo al oído:

––¿A qué no te esperaba esto, trenzas? ––en esos momento sentí un sacudón en todo mi cuerpo y respiré profundo para que ni Michael ni mi nonna se dieran cuenta, pero creo que ya era tarde. Estaba sonriendo como una tonta enfrente de todos, y dando un espectáculo de niña adolescente. Solo quería desaparecer en ese momento.

Esta era la última sala. La señora Amber y su niño Denver nos agradecieron la visita y la lectura, y nos dijo a Michael y a mí:

––Chicos, son estupendos, y hacen muy buena pareja como lectores ––yo solo di una media sonrisa, mientras que Michael fue todo agradecimientos. Al salir del hospital, Michael apoyó su brazo sobre mis hombros y me dijo:

––Ves, trenzas, tú y yo somos buenos en algo ––y luego se dirigió al coche.

Yo subí también al coche sin dirigirle la mirada, mi nonna estaba en medio de los dos y tomó nuestras manos, las unió y nos dijo:

––Gracias chicos, fue todo un detalle hacer la lectura para esos niños. Hemos llevado Magia, Amor y Alegría a estos pequeños, y eso es lo más importante. Ese es el Milagro de la Navidad, la Fuerza del Espíritu de la Navidad que va impregnando los corazones ––mi nonna tenía una manera muy dulce de expresarse. Ya se me había pasado lo de su traición y ahora entendía que todo era por el bien los niños. Yo tengo el privilegio de pasar la Navidad con mi familia, pero muchos no podrán hacerlo.

En cuanto a Michael, ya no me parecía tan petulante, hoy lo había visto de otra manera. Es un chico muy agradable, de buen corazón, y tiene una maravillosa forma de leer los cuentos infantiles. Oh, no, ¿qué me está pasando, estoy hablando de Michael Clawson, el petulante de secundaria…?

Mi nonna nos dio unas galletas a Michael y a mí, y los dos disfrutamos en el coche sin decir una palabra, el sabor de cada bocado como decía mi nonna, eran como alas de mariposas que nos llevaban a mundos mágicos para disfrutar de la libertad. Michael dijo que nunca había probado unas galletas tan deliciosas, y que sentía un cosquilleo en la garganta cada vez que tragaba. Mi Nonna le respondió que esa era la magia de las galletas de Navidad, que cada persona las sentía de diferente manera, porque a cada uno le daba lo que necesitaba.

Cuando llegamos, mi nonna invitó a Michael a una taza de chocolate. Él aceptó gustosamente y, extrañamente de mi parte, me agradó la idea de que pudiera compartir con nosotros. Ya no me conozco, hace unas horas no podía ni verlo y ahora hasta me parecía un chico agradable. Serán las hormonas que me hacen cambiar de parecer tan rápidamente. Bueno, es comprensible, estoy en esta etapa conflictiva y emocionalmente cambiante, y si tú que lees tienes quince años, sabrás a qué me refiero.

Nos colocamos frente a la chimenea y mi nonna nos trajo las deliciosas tazas de chocolate espumoso con canela. Estuvimos conversando de los viajes de mi papà, la Nonna nos relató sus historias en Italia, y mi madre, como siempre una agente de la CIA en acción, pero menos contraída, creo que a ella también le agradaba Michael, pero no quería admitirlo, al igual que yo.

De repente, se hizo de noche, y Michael pidió permiso para retirarse. Yo aún quería que se quedase, ¡de verdad! “¿Qué me está pasando? ¡Lily Brentano Di Angelo, quién te entiende!” Michael me dijo si lo podía acompañar hasta el portón, a lo cual accedí muy gustosamente. “¡Hormonas, paren ya, me están traicionando!”. Llegamos al portón y aún estábamos disfrutando de las galletas de Navidad, cuando Michael me tomó de las manos, las cuales estaban heladas por el frío de la noche, y me dijo:

––Gracias, Lily, he pasado una tarde maravillosa junto a tu familia, y especialmente junto a ti ––mis piernas me temblaron y mis rodillas se doblaron. En esos momentos, Michael me sostuvo entre sus brazos y me dio un beso en la mejilla. Sin previo aviso, mi instinto de supervivencia o no sé qué, me hizo reaccionar automáticamente y le di una bofetada. Él se me quedó mirando perplejo por lo que acababa de hacer. Mi nonna y mi mamma estaban espiando por la ventana, y mi madre, con un grito de triunfo, dijo:

––¡Esa es mi hija!

Entonces, Michael, mientras yo estaba tragando el último bocado de las Galletas Mágicas de Navidad, me dio un dulce y maravillo beso en la boca, y mi Nonna dijo:

––¡Ese es mi vecino!

Yo quedé paralizada, y solo sentía cómo iba tragando pedacitos de galletas, y sus delicados labios en los míos. Luego me miró y dijo:

––Lily Brentano Di Angelo, ¿quieres ser mi novia? ––con una sonrisa tonta en la cara le respondí que sí. “¿Cómo? ¿Has dicho que sí, Lily? No te confíes, son tus hormonas”, me repetía a mí misma, pero había algo que no me dejaba articular ni una palabra: esos ojos azules y esa maravillosa sonrisa. Michael se acercó nuevamente y me dio un beso en la frente, y me dijo––: Fue el beso más delicioso con sabor a galletas de Navidad ––dio media vuelta y se dirigió a su casa.

Yo quedé como un muñeco de nieve, pegada al suelo, sin poder moverme, y mucho menos, sin poder creer lo que había pasado. Mi nonna se acercó a mí, me dio un abrazo, y me susurró al oído:

––¿Ahora crees en los milagros de las Galletas de Navidad? ––yo la miré y le dije:

––Nonna, creo que tus Galletas son Mágicas y que hoy hicieron varios milagros, no solo en mí, sino en toda la gente que pudo saborearlas. Gracias, nonna, hoy he aprendido muchas cosas buenas y mágicas gracias a ti.

Creo que por hoy basta, solo quería contarles porque para mí las Galletas de Navidad son tan especiales, y cómo a veces estamos equivocados con respecto a otras personas. La Navidad, como dice mi nonna, es tiempo de Amar, Perdonar, de nuevos Cambios y nuevas Oportunidades. Déjate llevar por el Espíritu de la Navidad, y te invito a que hagas estas deliciosa Galletas de Navidad, receta de mi nonna. En cuanto a Michael, aún estamos juntos, pero eso se lo contaré en otro momento.

¡Feliz Navidad para Todos!