El Guerrero Unai

Tomados de las manos, Lily y el guerrero Unai, con la guía del hada Eirny, fueron hacia el bosque misterioso de las hadas y  de los elfos, pero Lily observó que cerca de las cascadas Gullfoss no había árboles, y le preguntó a Unai:

––¿Dónde está el bosque?

––Nos encontramos en el cañón del río Hvitá, en el suroeste de Islandia, uno de los ríos más peligrosos de este país ––le explicó Unai––. El bosque está justamente aquí para que su acceso no sea fácil, y es invisible a los ojos porque muchas veces se les dio la oportunidad a los humanos de visitarlo y lo profanaron. Ahora solo es aceptado aquel que es digno de entrar en el bosque, pero siempre debe ir acompañado de un guía y su protector, ya que en este bosque no solo están los duendes, las hadas y las almas de los árboles y los animales mágicos, también habitan los trols y los elementarios, que son distintos a los elementales de los árboles, de las piedras o de los animales. Al contrario que estos, los elementarios son fuerzas negativas que quieren que la magia y el amor se acaben para dominar este bosque y todos los bosques mágicos del planeta. Los trols son fuerzas negativas en forma de ogros que persiguen a los duendes y los gnomos, y molestan a los niños para que no crean en la magia. Existen varios tipos de trols, unos son amigos y otros enemigos. Yo estoy aquí para protegerte de ellos, y el hada Eirny para guiarte, pero tampoco debes olvidar lo que llevas en tu bolsa naranja. Cada elemento que se te entregó, te ayudará en algún momento del camino, así como lo hizo la lámpara Alim que te otorgó el hada Shampillom.

Lily se aferró más a las manos de Unai y continuaron su camino, el Guerrero Unai percibió cómo Lily lo observaba de vez en cuando, y esta le preguntó:

––¿De dónde vienes, Guerrero Unai? Me habías dicho que eres de la península ibérica, ¿pero podrías contarme cómo has llegado hasta aquí? ––el Guerrero Unai comenzó a narrarle parte de su historia.

––Hace nueve mil años apareció Marié, un ancestro de mi abuela, y con ella el de mi madre, que era una elfa. Esta es la primera mujer que dio origen a nuestro linaje, que parece haberse originado exclusivamente en Europa, más concretamente en Alemania. Esta rama dominó la Europa Atlántica, perteneciendo a este linaje una parte de la población de Escocia y Gales, y también una parte de la población de Islandia, que recorrió la costa Atlántica, desde Noruega hasta Portugal, y de allí a la península ibérica y los países del mediterráneo. Mi padre es humano y se enamoró de mi madre, que es una arquera élfica de la península ibérica. Los elfos no permiten la mezcla entre humanos y elfos, pero el amor de mi padre era tan grande que la raptó y se la llevó por las costas españolas, y ahí nací yo, mitad humano y mitad elfo. Después mi padre regresó con mi madre junto a su familia, los elfos tuvieron que aceptarlo, y como mi padre es constructor, se convirtió en el constructor jefe de los elfos. Él viaja mucho, porque a veces lo necesitan en distintos lugares del planeta para la construcción de los bosques mágicos. También tengo un hermanito, se llama Danielle, y es más elfo que humano, siempre va montado en un lobo, su gran amigo llamado Londrian. Conocerás a Danielle y a su lobo, son muy traviesos, debes estar atenta y no solo tener cuidado de los trols y los elementarios, sino también de las travesuras de Danielle.

»Yo tengo las habilidades de la construcción y el diseño de mi padre, y las habilidades en el arco que me fueron enseñadas desde pequeño por mi madre. Aunque mi madre dice que soy excelente con el arco, disfruto mucho diseñando los bosques, con sus elfos y magias, un arte que me hace volar por otras dimensiones dentro del propio bosque.

Luego de oír el relato de Unai, el hada Eirny les avisó que habían llegado al portal mágico. Se detuvieron y buscaron la piedra de Gunnar, el gnomo guardián de las llaves mágicas del bosque. Unai dio tres golpes a una piedra y se oyó desde su interior:

––Hver kallar? (¿quién llama?)[1].

––Soy yo, Gunnar ––dijo el Guerrero Unai­­––, estoy aquí con el hada Eirny y Lily. Hemos llegado.

––Að lokum! (al fin) ­­––dijo Gunnar, el gnomo, y del interior de la piedra salió un gnomo con un gorro rojo puntiagudo, barbas blancas, saco azul, pantalones marrones, y unas botas blancas y peludas. Llevaba un cinturón del cual colgaba una bolsa de cuero marrón, y medía unos quince centímetros. Gunnar saludó a los tres viajeros:

––Velkomin! (bienvenidos). Los estaba esperando desde ayer.

––Tuvimos un contratiempo con los vórtices ––respondió Unai.

El hada Eirny se acercó al gnomo Gunnar y revoloteó a su alrededor, y Gunnar, sonriendo, saludó al hada. Esta se acercó a la nariz del gnomo y le dio un beso. Gunnar sonrió y dijo:

––¡Me haces cosquillas! ­­––y todos sonrieron también. Pero al gnomo no le gustaba perder el tiempo y les dijo a los chicos­­––: Vamos a lo que nos interesa ––sacó de la bolsa de cuero que llevaba en su cinturón una llave dorada y pidió a Unai que usara su flecha mágica, la flecha que su Madre Kristal le había obsequiado. Esta flecha la habían fabricado los Elfos, y podía recorrer kilómetros sin ser desviada por nada ni por nadie, podría incluso abrir los portales de protección de los bosques. Unai pidió a Lily que soplara la flecha y se concentrara en el bosque mágico de Gullfoss. Esta así lo hizo, y a una señal de Gunnar, el guerrero Unai disparó la flecha en dirección al sur. Cuando la flecha fue cayendo, se vio como si atravesara una luz verde transparente, y poco a poco fue apareciendo ante ellos el bosque mágico de las hadas y de los elfos.

Gunnar le dijo a Lily que debían esperar unos minutos a que cristalizara todo el bosque, y él abriría con la llave que tenía en las manos el Camino del Aprendizaje. Lily se quedó reflexionando por unos minutos sobre lo que el gnomo le había dicho, y cuando menos lo esperaba, cristalizó ante ellos una puerta de madera que tenía tallados en la parte superior dos leones y un árbol. Gunnar le explicó que los dos leones eran los guardianes de la puerta, y que el árbol representaba la sabiduría del bosque. Gunnar introdujo la llave en el cerrojo, y al girarla, la puerta se abrió ante ellos. Desde allí se podía divisar un camino en medio del bosque con unos faroles a ambos lados del camino. Pero era un camino muy diferente al cual Lily estaba acostumbrada, porque el camino estaba hecho de libros. Libros grandes, medianos, pequeños… eran tantos que no daba para hacer la cuenta. Unai, el hada Eirny, y el gnomo Gunnar, miraron a Lily y le señalaron el camino que debía empezar a recorrer. Gunnar le dijo a Lily:

––Aquí aprenderás sobre la magia y el amor a los demás, pero debes tener cuidado, porque las fuerzas negativas de los elementarios y los trols no querrán que lo hagas. Usa lo que llevas dentro de tu bolsa naranja, y el guerrero Unai y el hada Eirny estarán  contigo para ayudarte y protegerte. Así se despidió el gnomo Gunnar, anhelándole mucha suerte en su travesía.

En ese momento, y acompañada del guerrero Unai y el hada Eirny, Lily comenzó a dar sus primeros pasos en el Camino del Aprendizaje. Aunque este camino debía recorrerlo con la ayuda de sus dos amigos, dentro de ella sabía que todo dependía de su valor, continuidad de propósitos y, sobre todo, no dejar de Creer nunca en la Magia y el Amor. Sacó de su bolsa naranja un poco de Polvo de Estrellas y lo lanzó sobre los tres, porque Antares, el unicornio azul, le había dicho que cuando necesitara valor para empezar una tarea, debía rociarse con polvo de estrellas, y estas, con su brillo y luz, la ayudarían.

Así fue como Lily dio su primer paso hacia el bosque mágico de las  hadas y de los elfos, y paso a paso fue llegando al primer escalón de libros, de color rojo y letras doradas. Ella lo miró y se asombró al leer el título: “Haz que tu Estrella Luz Brille”…

[1] Gunnar habla en su idioma, el islandés.

Happy New Year

El Señor del tiempo no se hace esperar, y a cada segundo marca un paso hacia adelante; aunque dentro del tiempo puedes viajar al presente, pasado o futuro, él no se detiene ni para pensar.

Solo faltan unas horas y el Señor del tiempo dará inicio a un nuevo conteo. Toda la Magia del Planeta se está preparando para el gran evento en donde, en cada lugar, cuando el reloj marque las 00:00, las Estrellas irán detrás del Señor del tiempo marcando sus pasos uno a uno, y la Naturaleza con toda su Magia lo acompañará.

Polvo de Estrellas y Magia en tu corazón es mi anhelo en este nuevo viaje que emprenderás, en el cual el Señor del tiempo nos guiará hasta el final…

El Milagro de las Galletas de Navidad

Estamos a final de noviembre y hoy vamos a visitar a mi nonna, Mimi, que es la madre de mi madre. Cuando la veo, pareciera que hubiera salido de un libro de cuentos, con sus ojos verde esmeralda que brillan como una aureola boreal, su sonrisa llena de dulzura y sus cabellos brillantes de plata que cuentan los años que han pasado, y “no en vano”, como ella siempre me dice. ¡Ah! Por cierto, soy Lily, y hoy les voy a contar por qué espero con tantas ansias la Navidad.

Aunque ahora se ha perdido gran parte del significado de la Magia de la Navidad, de su Espíritu, mi nonna Mimi se encargó de que yo comprendiera su importancia, y me enseñó a “sentir y vivir” la Navidad. A muchos les parecerá un poco cursi todo esto, pero no se apresuren, sigan leyendo, y luego me dirán si a ustedes también les atrapó la dulzura de la Navidad.

Cada primero de diciembre, mi familia, compuesta por mi padre, Giuseppe Brentano; mi madre, Giorgia Di Angelo; y por mí, Lily Brentano Di Angelo, vamos a hacer galletas a casa de mi nonna Mimi. Es una tradición que ella heredó de su mamma y de su nonna: “La Gran Familia Italiana”.

Nonna Mimi me contaba que los ingredientes para preparar unas galletas ricas y especiales debían de ser de “alta calidad”, y cuando se refería a “alta calidad”, no era cualquier cosa. Ella iba a las granjas de los alrededores de Nashville —¡ups!, se me había olvidado decirles que vivo en Nashville, Tennessee, y “Amo mi Ciudad”. Es un poco exagerado, pero los del sur somos así— buscando los ingredientes más frescos y saludables.

Nonna Mimi tiene una manera muy agradable de dirigirse a las personas y es muy querida por todos, y si aún no la conocen, ella se encarga de que lo hagan. A sus setenta años, tiene la fuerza de una dama de cincuenta y el carácter de un General de Estado Mayor —en guerra—. Lo siento abuela Mimi, no debería decirlo, pero yo te Amo y tú lo sabes, y soy tu única nieta, así que no te enfades.

A mis quince años, mis amigas y yo vamos de compras siempre acompañadas de mi madre Giorgia —una agente de la CIA—. No, no es una agente de la CIA, pero cuando salimos con mis amigas, actúa como si lo fuera, y siempre me repite lo mismo: “niña, en mi época tu nonna no me permitía esto”. Sin embargo, para mis amigas soy un poquito “especial”, y con especial me refiero a que prefiero ir a las librerías, sentarme en el piso y leer historias fantásticas de los libros más maravillosos, y poder transportarme así a lugares distantes, y formar parte de la aventura de cada libro que leo. A veces, cuando cierro un libro y miro a mi alrededor, me digo a mi misma: “¡Oh, no, estoy aquí —en la librería—!”, porque me identifico tanto con los personajes que a veces soy una princesa, una guerrera del pasado o un hada mágica. En fin… esa soy yo, Lily Brentano Di Angelo.

Mi padre, Giuseppe, es editor de libros infantiles. Viaja una vez al año a su natal Italia para asistir a la Feria del Libro de Bolonia, y a su regreso trae las últimas novedades de las librerías para “la hija que más quiere”. Yo siempre le digo, papà, soy tu única hija, se supone que debes quererme más que a nadie, y ambos soltamos una risa. Mi padre es mi gran amigo, mi cómplice y mi compañero de “aventuras literarias”.

Ahora sí, volviendo a las galletas, o mejor, a los ingredientes de las galletas de Navidad, hoy es sábado primero de diciembre y es el momento de buscar los ingredientes para las galletas —¡ups!, creo que esto ya lo había dicho, pero para que no se les olvide, lo vuelvo a repetir—. Imagínense por un momento un hermoso lugar en las afueras de Nashville, todas las granjas llevan sus mercancías para exponerlas, y así ofrecerlas a su clientela en The Nashville Farmers’ Market. Allí, los aromas de mantequilla fresca, panes, pasteles, pies, huevos, quesos y mermeladas se confunden. Hummm… perdón, por un momento me transporté hasta allí, ¿no les sucedió lo mismo?

Ahora de verdad que sí, continuemos. Ya habiendo escogido y comprado los ingredientes ideales, nos dispusimos a regresar, no sin antes saborear unos deliciosos croissants de Maison Chace. Mis Padres y yo somos fanáticos de estos croissants. Como dice mi papà, están veramente squisiti.

Después de la dulce parada, subimos al coche para la gran misión de las Galletas de Navidad. Llegando a la casa, mi nonna colocó los ingredientes sobre la mesa de la cocina y nos dio a todos, incluyendo a mi papà, unos graciosos gorros color verde con cuernos de reno, unos delantales rojos con el rostro de Papá Noel, y zapatos crocs también de color verde a juego. Mi padre, con cara disgusto, preguntó a mi nonna:

––¿Es necesario esto? ––y mi nonna, como toda siciliana, le dijo:

––O se hace como tiene que ser o no se hace, y aquí sólo hay una opción, hacerlo ––lo dijo con un acento tan firme de militar en guerra, que mi papà no volvió hacer una pregunta de ese estilo.

Ya todos con los uniformes puestos comenzamos, cada uno con su bol en mano y mi nonna en el medio, indicando el orden de los ingredientes:

260 gramos de harina: tamizamos la harina muy suavemente. Esto es muy importante, la suavidad con que lo hagamos, logrará que los milagros se cumplan.

100 gramos de azúcar moreno: la dulzura de la Navidad debe ir incluida en este ingrediente, porque para hacer unas galletas sin dulzura es mejor no hacerlas. Cuando mi nonna se refiere a la dulzura, es la proporción de cariño y bondad que cada uno puede depositar dentro de estas galletas.

5 gramos de bicarbonato: este ingrediente es muy importante porque hará que las galletas queden suaves, en su punto. Es como las palabras de amor que podríamos decir a cada persona que necesite de nuestra ayuda, y así suavizarlas con nuestras palabras.

1 cucharadita de canela: hum, qué aroma, qué sabor, mi nonna dice que este ingrediente cura todas los dolores del año, cicatriza cualquier herida por más profunda que sea, en el cuerpo y en el alma.

1 cucharadita de jengibre en polvo: esta raíz es muy importante, porque como viene de la tierra, recoge toda la fuerza de la Madre Naturaleza y nos armoniza, de ahí que el toque de jengibre armonice a las personas, una característica principal de la Navidad.

1 pizca de sal: mi nonna nos explicó que si no hay equilibrio entre el rigor y el amor, nada puede funcionar, y este es el trabajo de la sal, equilibrar los sabores para así integrarlo todo mejor, en armonía, con paz y amor.

1 huevo: después nos dijo que cada uno batiera un huevo en un plato con un tenedor, que no lo hiciéramos con la batidora porque el calor de las manos y los movimientos del tenedor transmitían todo el entusiasmo y la alegría a las galletas. Seguidamente lo debíamos agregar a los ingredientes secos anteriores.

150 gramos de mantequilla: por último, el toque más importante, la mantequilla. Mi nonna nos explicaba que la mantequilla es el resultado de la transformación o mutación milagrosa de la crema de leche en algo superior. Con ello quería que entendiéramos que transformar una materia regular en nosotros en algo superior era muy importante, que nada cambia en nosotros si no lo transformamos, o sea, el odio en amor, el dolor en alegría, la impaciencia en tranquilidad, y así sucesivamente. La mantequilla debía de estar blanda y debíamos batirla con las manos hasta que quedara cremosa, y una vez cremosa, agregarla al resto de ingredientes, mezclándolos todos muy bien hasta lograr una masa suave y homogénea. Nos dijo que debíamos de amasar transmitiendo los anhelos más hermosos y elevados de nuestro corazón, y ella comenzó a cantar:

“Noel, Noel, Noel, Noel ha nacido el Rey de Israel.

Levantaron la vista y vieron una estrella

brillando en el Este, más allá del horizonte.

Y a la Tierra dio gran luz, y así continuó,

tanto de día como de noche.

Noel, Noel, Noel, Noel ha nacido el rey de Israel.”

Todos comenzamos a cantar con ella, y sentí en mi corazón como cada ingrediente iba haciendo efecto en mi familia. Mi nonna me sonrió porque comprendió lo que en ese momento estaba sintiendo. Ella nos dijo que acabábamos de colocarle el ingrediente más importante, los tres nos miramos porque no habíamos puesto ningún ingrediente más, pero ella se refería a ese momento especial que creamos con la canción.

Ahora debíamos de colocar un paño sobre la masa y dejarla en reposo para que el Espíritu de la Navidad pudiera impregnar la masa.

Mientras esperamos a que transcurriera una hora mágica, mi nonna nos hizo un delicioso chocolate con marshmallows, y lo disfrutamos en frente de la chimenea. Fue un momento muy especial, reunidos en familia.

Pasaron los sesenta minutos de magia, y cada uno con su rodillo nos dispusimos a estirar la masa. Mi nonna nos acercó los moldes para cortar las galletas: arbolitos, muñeco de nieves, reno, etc. Cada uno hizo su trabajo a la perfección, con las bandejas forradas con papel y mantequilla, y dispusimos las galletas para que pudieran ser horneadas.

Fueron colocadas en el horno a 180 grados durante 20 minutos, y después de eso, ya estaban prontas para ser enfriadas y decoradas. ¡Llegó el momento más divertido, la decoración de las galletas! La nonna preparó el glaseado con azúcar, claras de huevos y limón, y lo batió con tanto cariño que los tres nos quedamos mirándola, y ella nos dijo:

––¡Niños, despierten, es hora de decorar! ––soltamos una risa. Creo que todo el ambiente que habíamos creado era por el Espíritu de la Navidad que había rodeado la casa de mi nonna y las galletas.

Mi nonna rellenó las mangas con distintos colores, y cada uno fue poniéndole la fantasía de colores a las galletas. Cuando terminamos, y todas las galletas estaban listas para ser repartidas, mi nonna nos dio unas canastas de Navidad decoradas, y las colocamos en ellas con mucha dedicación para que no se dañaran.

Mi nonna nos dijo que primero las entregaríamos a sus vecinos. Cuando nos dispusimos a cambiarnos, mi nonna nos dijo que no debíamos hacerlo, que parte de la diversión de entregar las galletas era hacerlo con el uniforme de cocina, pero yo solté un muy alto:

––¡No! Nonna, por favor, no necesitamos salir con estos uniformes, por favor ––pero cuando a mi nonna se le mete algo en la cabeza, nadie se lo saca. En fin, ya saben, tuve que obedecer. Una chica de mi edad no tiene voz ni voto en su casa.

Al salir por el vecindario,  cada vecino agradecía la amabilidad de nuestra familia, pero ocurrió algo que no me esperaba. Llegamos a la casa de Michael Clawson, el chico más popular de la escuela, el cual siempre me molestaba por mis trenzas desde que era pequeña, cuando visitaba a mi nonna. Michael y sus amigos me llamaban “trenzas”, lo cual me molestaba mucho.

Le dije a mi nonna que me quedaría en el coche, pero esta no me lo permitió, dijo que debía de ser con todos por igual, y que la señora Clawson era una muy buena amiga y su hijo, un chico estupendo.

“¡Qué! ¿Estupendo? Si es el chico más burlón de toda la escuela, además de creerse que puede tener a cualquier chica que quiera. ¡No! ¡Definitivamente, no! Pero mi nonna siguió insistiendo y la puerta de los Clawson se abrió, y allí estaba él. El chico popular, Michael Clawson, con esos ojos azul cielo, su pelo castaño claro y esa maravillosa sonrisa que me… ¡qué! ¿Qué estoy diciendo? ¡Lily Brentano Di Angelo! ¿En qué estás pensando? Es Michael de quien estás hablando. ¡Despierta ya!”

No pude seguir con mis pensamientos porque Michael nos saludó a mi nonna y a mí:

––Señora Di Angelo y… trenzas, ¿cómo están? ¿En qué les puedo servir? ––antes de que pudiera modular alguna respuesta a la ofensa de Michael, mi nonna le dijo a Michael que venía a traerles las galletas a su madre, y este llamó a su mamá. La señora Clawson saludó con tanta efusión a mi nonna que no tuve la oportunidad de responder a Michael.

Yo no veía la hora de que acabase la conversación entre mi nonna y la señora Clawson, pero cuando finalizaron, mi nonna tuvo la magnífica idea de invitar a Michael a visitar The Children`s Hospital at TriStar Centennial. En un arranque de locura momentánea, le dije a mi nonna que no necesitábamos ayuda, que los cuatro podríamos hacer las entregas, y que seguramente el señor Clawson tendría muchas tareas con su madre estos días. Y él, muy petulante, me sonrió y dijo que con mucho gusto lo haría. Yo quedé en estado de shock, y mi nonna sonrió gustosamente, lo cual no me hizo ninguna gracia. Era un atentado familiar en contra de mi dignidad y de mis trenzas. Michael fue por una chaqueta y sus accesorios, me preguntaba a qué se refería cuando dijo accesorios. Luego de quince segundos Michael regresó con la misma gorra verde de reno, el delantal de Papá Noel y los zapatos a tono en verde. No podía creer lo que estaba viendo, mi propia nonna lo planeó todo en mi contra. Esto era definitivamente una traición, y no podría ser perdonada. Mi indignación era tal, que solo giré y fui directamente al coche. Mi nonna, viendo mi actitud, se dirigió con Michael también al coche.

Mi padre manejaba el coche, mi madre iba a su lado y mi nonna, la traidora, iba detrás conmigo y el petulante.

Llegamos al hospital y mi papà nos dijo que no debíamos olvidar los cuentos infantiles que estaban en la baulera. Ya con la caja en las manos, llegamos a una habitación donde había un niño muy pequeño con problemas de doble infección de oído, dificultad para respirar y mucha tos. Se llamaba Denver y su madre Amber, quien nos relató que Denver llevaba varias semanas enfermo, que se recuperaba pero luego recaía. Ella era la empresaria de las famosas camisetas Native In Nashville, de las cuales yo era fan, pero lo dejaba todo por su niño. Mi nonna me dijo que el Amor de una buena madre era incomprensible, que Dios bendice a todas las madres con ese gran Amor y Fuerza para sobrellevar cualquier dificultad.

Mi nonna me pidió que le leyera un cuento a Denver, y su madre lo agradeció mucho. Se me ocurrió leerle una adaptación para niños del Cuento de Navidad de Dickens. Comencé a leerlo, y Denver sonreía con los gestos y caras que ponía. Me movía de un lugar a otro tratando de que el pequeño Denver pudiera entender a su corta edad lo que le quería transmitir. Al pasar a la siguiente página, Michael continuó la lectura sin previo aviso. Yo quedé en shock nuevamente, no podía creer lo que veían mis ojos: Michael Clawson, el petulante de secundaria, leyendo un libro de cuentos infantiles, y por cierto, lo hacía de maravilla. Quedé con la boca abierta, observándolo tanto que mi nonna me dijo:

––Lily, cierra la boca ––en esos momentos, mi rostro comenzó a arder como un tomate frito. No podía creer que me estuviera sucediendo esto, ¿a mí, Lily Brentano Di Angelo?

Michael terminó su relato y todos los presentes, enfermeros, mi nonna, Amber y hasta Denver, dieron un aplauso por tan buena lectura. Michael se me acercó y me dijo al oído:

––¿A qué no te esperaba esto, trenzas? ––en esos momento sentí un sacudón en todo mi cuerpo y respiré profundo para que ni Michael ni mi nonna se dieran cuenta, pero creo que ya era tarde. Estaba sonriendo como una tonta enfrente de todos, y dando un espectáculo de niña adolescente. Solo quería desaparecer en ese momento.

Esta era la última sala. La señora Amber y su niño Denver nos agradecieron la visita y la lectura, y nos dijo a Michael y a mí:

––Chicos, son estupendos, y hacen muy buena pareja como lectores ––yo solo di una media sonrisa, mientras que Michael fue todo agradecimientos. Al salir del hospital, Michael apoyó su brazo sobre mis hombros y me dijo:

––Ves, trenzas, tú y yo somos buenos en algo ––y luego se dirigió al coche.

Yo subí también al coche sin dirigirle la mirada, mi nonna estaba en medio de los dos y tomó nuestras manos, las unió y nos dijo:

––Gracias chicos, fue todo un detalle hacer la lectura para esos niños. Hemos llevado Magia, Amor y Alegría a estos pequeños, y eso es lo más importante. Ese es el Milagro de la Navidad, la Fuerza del Espíritu de la Navidad que va impregnando los corazones ––mi nonna tenía una manera muy dulce de expresarse. Ya se me había pasado lo de su traición y ahora entendía que todo era por el bien los niños. Yo tengo el privilegio de pasar la Navidad con mi familia, pero muchos no podrán hacerlo.

En cuanto a Michael, ya no me parecía tan petulante, hoy lo había visto de otra manera. Es un chico muy agradable, de buen corazón, y tiene una maravillosa forma de leer los cuentos infantiles. Oh, no, ¿qué me está pasando, estoy hablando de Michael Clawson, el petulante de secundaria…?

Mi nonna nos dio unas galletas a Michael y a mí, y los dos disfrutamos en el coche sin decir una palabra, el sabor de cada bocado como decía mi nonna, eran como alas de mariposas que nos llevaban a mundos mágicos para disfrutar de la libertad. Michael dijo que nunca había probado unas galletas tan deliciosas, y que sentía un cosquilleo en la garganta cada vez que tragaba. Mi Nonna le respondió que esa era la magia de las galletas de Navidad, que cada persona las sentía de diferente manera, porque a cada uno le daba lo que necesitaba.

Cuando llegamos, mi nonna invitó a Michael a una taza de chocolate. Él aceptó gustosamente y, extrañamente de mi parte, me agradó la idea de que pudiera compartir con nosotros. Ya no me conozco, hace unas horas no podía ni verlo y ahora hasta me parecía un chico agradable. Serán las hormonas que me hacen cambiar de parecer tan rápidamente. Bueno, es comprensible, estoy en esta etapa conflictiva y emocionalmente cambiante, y si tú que lees tienes quince años, sabrás a qué me refiero.

Nos colocamos frente a la chimenea y mi nonna nos trajo las deliciosas tazas de chocolate espumoso con canela. Estuvimos conversando de los viajes de mi papà, la Nonna nos relató sus historias en Italia, y mi madre, como siempre una agente de la CIA en acción, pero menos contraída, creo que a ella también le agradaba Michael, pero no quería admitirlo, al igual que yo.

De repente, se hizo de noche, y Michael pidió permiso para retirarse. Yo aún quería que se quedase, ¡de verdad! “¿Qué me está pasando? ¡Lily Brentano Di Angelo, quién te entiende!” Michael me dijo si lo podía acompañar hasta el portón, a lo cual accedí muy gustosamente. “¡Hormonas, paren ya, me están traicionando!”. Llegamos al portón y aún estábamos disfrutando de las galletas de Navidad, cuando Michael me tomó de las manos, las cuales estaban heladas por el frío de la noche, y me dijo:

––Gracias, Lily, he pasado una tarde maravillosa junto a tu familia, y especialmente junto a ti ––mis piernas me temblaron y mis rodillas se doblaron. En esos momentos, Michael me sostuvo entre sus brazos y me dio un beso en la mejilla. Sin previo aviso, mi instinto de supervivencia o no sé qué, me hizo reaccionar automáticamente y le di una bofetada. Él se me quedó mirando perplejo por lo que acababa de hacer. Mi nonna y mi mamma estaban espiando por la ventana, y mi madre, con un grito de triunfo, dijo:

––¡Esa es mi hija!

Entonces, Michael, mientras yo estaba tragando el último bocado de las Galletas Mágicas de Navidad, me dio un dulce y maravillo beso en la boca, y mi Nonna dijo:

––¡Ese es mi vecino!

Yo quedé paralizada, y solo sentía cómo iba tragando pedacitos de galletas, y sus delicados labios en los míos. Luego me miró y dijo:

––Lily Brentano Di Angelo, ¿quieres ser mi novia? ––con una sonrisa tonta en la cara le respondí que sí. “¿Cómo? ¿Has dicho que sí, Lily? No te confíes, son tus hormonas”, me repetía a mí misma, pero había algo que no me dejaba articular ni una palabra: esos ojos azules y esa maravillosa sonrisa. Michael se acercó nuevamente y me dio un beso en la frente, y me dijo––: Fue el beso más delicioso con sabor a galletas de Navidad ––dio media vuelta y se dirigió a su casa.

Yo quedé como un muñeco de nieve, pegada al suelo, sin poder moverme, y mucho menos, sin poder creer lo que había pasado. Mi nonna se acercó a mí, me dio un abrazo, y me susurró al oído:

––¿Ahora crees en los milagros de las Galletas de Navidad? ––yo la miré y le dije:

––Nonna, creo que tus Galletas son Mágicas y que hoy hicieron varios milagros, no solo en mí, sino en toda la gente que pudo saborearlas. Gracias, nonna, hoy he aprendido muchas cosas buenas y mágicas gracias a ti.

Creo que por hoy basta, solo quería contarles porque para mí las Galletas de Navidad son tan especiales, y cómo a veces estamos equivocados con respecto a otras personas. La Navidad, como dice mi nonna, es tiempo de Amar, Perdonar, de nuevos Cambios y nuevas Oportunidades. Déjate llevar por el Espíritu de la Navidad, y te invito a que hagas estas deliciosa Galletas de Navidad, receta de mi nonna. En cuanto a Michael, aún estamos juntos, pero eso se lo contaré en otro momento.

¡Feliz Navidad para Todos!

El Sueño de Patrick el Alce (un regalo para mis lectores)

Patrick era un Alce que vivía en München, Alemania, desde pequeño soñaba con hacer grandes cosas en su vida: ser un héroe, poder ayudar a mucha gente y, sobre todo, cumplir su Gran Sueño de tirar del trineo de Papá Noel.

Sus amigos se burlaban de Patrick por su sueño, le decían que un alce no podía tirar del trineo de Noel, que solo lo hacían los renos. Patrick siempre les decía que él no veía la diferencia entre un alce y un reno: “somos casi primos”, y todos sus amigos se reían de sus palabras.

Cuando regresaba de la escuela, Patrick el Alce le decía a su madre que él tenía un gran sueño y que todos sus amigos se burlaban de él. Su madre le daba un beso y le decía:

––Hijo mío, si tienes un sueño, debes creer en él y hacerlo todo por cumplirlo. No importa cuánto tiempo te lleve realizarlo, lo importante es luchar por tus sueños.

Patrick creció y se convirtió en un alce grande y fuerte, destacaba por su alegría, jovialidad y, sobre todo, porque siempre buscaba hacer el bien a los demás. Nunca olvidó el consejo de su madre de luchar por sus sueños, y es por ello que tomó una gran decisión: hacer un gran viaje al Polo Norte.

Patrick el Alce comenzó a realizar todos los preparativos para esta gran aventura, con un mapa en la mano trazó todo el trayecto que debía de realizar de München hasta el Polo Norte: München – Frankfurt – Hamburg – Copenhague – Gothenburg – Stockholm – Tromsø – Isla de Kaffekluben, y de esta isla recorrer una distancia de 707 kilómetros hasta el Polo Norte. Patrick preparó su mochila con tallos tiernos, zanahorias, avellanas y una buena ración de chocolates.

Hum… ¿los alces comen chocolate? ¡Pues a Patrick le encantaba el chocolate! ¡Ups! Casi lo olvido, Patrick también llevó su pasaporte, su madre siempre le decía que para un viajero es muy importante tener al día sus documentos. Pero, ¿un alce tiene pasaporte? ¡Pues sí! Patrick el Alce tenía su pasaporte en regla, la mochila bien cargada y todo el entusiasmo para cumplir sus sueños.

Salió de su casa con la bendición de su madre. Esta, como siempre, le dijo que tuviera mucho cuidado, y que estuviera atento a su corazón para poder saber escoger a sus amigos:

––Hijo mío, el corazón nunca falla, sigue tu corazón y encontrarás tus sueños ––esto hizo que Patrick emprendiera el viaje con más confianza.

Fue a la estación de tren y compró los tiques para llegar a Frankfurt. Una vez en el tren, sacó su mapa de viajes. Un niño lo observaba desde el asiento de enfrente, Patrick siguió estudiando su mapa, hasta que el niño se le acercó y le preguntó adónde iba. Patrick le contó su gran sueño y el niño le dio unas galletas de chocolate para el camino:

––Te harán falta ––la madre del niño saludó a Patrick y también le anheló suerte en su travesía hasta el Polo Norte, se despidieron y el alce siguió su camino hasta Frankfurt.

Al llegar a Frankfurt, Patrick dio un paseo por la ciudad y fue a buscar a su amigo que vivía allí, se llamaba Igor y era un alce, igual que él. Patrick le contó todo lo que tenía planeado para llegar al Polo Norte. Igor quedó tan emocionado que también quiso acompañarlo, Patrick dudó un poco si debía dejar que Igor lo acompañara, porque este era muy travieso, pero no tuvo otra opción, Igor insistió tanto que tuvo que aceptar.

En la mañana temprano cogieron el tren para Hamburg. Igor quería ver el trayecto en el mapa, y fueron estudiando la mejor manera de llegar a su destino. El oficial del tren se acercó a ellos y les pidió el tique. Patrick mostró el suyo pero Igor, con la emoción del viaje, se había olvidado el suyo en la estación. El oficial hizo parar el tren y los dos bajaron, porque Patrick no iba a dejar solo a su mejor amigo: para eso están los amigos, en las buenas y en las no tan buenas.

Fueron caminando hasta Hamburg con la suerte de que solo faltaban unos kilómetros por llegar. Igor tenía mucha hambre y sed, pero a Patrick le quedaban algunas galletas de chocolate, así que se las ofreció y ambos las saborearon gustosos. Ya con el estómago tranquilo, encontraron la estación y aún faltaban tres horas para que saliera el próximo tren hasta Copenhague, Dinamarca.

Dieron un paseo por la ciudad, recorrieron su maravilloso puerto, y disfrutaron del agradable paseo hasta llegar a un lugar donde pudieron divisar el lema de la ciudad: “Que la libertad, lograda por los antepasados, sea conservada por los descendientes en dignidad”, esto inspiró mucho a Patrick para seguir el camino hacia sus sueños.

Ya era momento de abordar el tren y esta vez sí, ambos con el pasaporte y los tiques en mano, se dispusieron a abordar. El trayecto duraba cinco horas y veintiocho minutos, por lo que los dos amigos podrían ponerse al día en sus aventuras durante el trayecto. El tren se puso en marcha y Patrick sacó un retrato de su madre, que siempre le apoyaba en todos sus sueños y no lo dejaba desistir. Igor le contó a Patrick que él estaba trabajando en un sitio turístico paseando a los niños, era muy divertido y los niños le trataban muy bien. Patrick dijo que él quería quedarse el resto de su vida en el Polo Norte ayudando a Papá Noel, aunque extrañaría mucho a su madre, pero para él, ayudar a Papá Noel era una de las mejores cosas que se podía hacer por el bien de los niños.

Las horas fueron pasando y llegaron a la estación de Neümunster, luego pasaron por Flensburg, Fredericia, y por último llegaron por fin a Copenhague, Dinamarca. El oficial selló los pasaportes: “¡Prum!”, se escuchó el sello, y con una sonrisa en el rostro les dijo:

––Bienvenidos a Dinamarca, disfruten de su estadía, aunque no sé qué hacen dos alces por aquí ––Patrick le explicó su gran sueño al oficial, y este le dijo que conocía a un amigo que podría ayudarlos, le dio una dirección y les anheló mucha suerte.

Los dos alces se dirigieron al lugar donde les aguardaría el amigo del oficial, llegaron, tocaron timbre y salió un señor corpulento con una voz muy ronca que les preguntó:

––¿Quiénes son ustedes?

––Somos Patrick e Igor, el señor oficial del tren nos envió aquí para hablar con el señor Bär ––este los hizo pasar a una sala de espera y luego de unos minutos, apareció un enorme oso blanco muy peludo con un chaleco rojo.

––Buenas tardes, señores ––dijo el señor Bär, a lo cual, los dos alces respondieron:

––¡Buenas tardes!

––Me han dicho que necesitan ayuda para ir al Polo Norte.

––Así es ––respondieron los dos alces.

––¿Y cuál es el motivo de su viaje? ––preguntó el oso. Patrick respondió que iba tras su gran sueño, ser uno de los que tira el trineo de Papá Noel. El señor Bär no pudo evitar soltar una gran exclamación:

––¡Qué! Un alce tirando del trineo de Noel, ¿dónde se habrá visto eso? Estás confundido muchacho, creo que has hecho un largo viaje en vano ––y no pudo contenerse y comenzó a reír.

Patrick muy resuelto se colocó en frente del señor Bär y le dijo:

––¿Usted tuvo alguna vez un gran sueño cuando era pequeño? ¿Alguna vez tuvo que seguir sus sueños aunque le pareciera imposible? ––el señor Bär se quedó reflexionando un momento y miró a Patrick, y con una sonrisa en el rostro le dijo:

––Sí, muchacho, yo también tenía grandes sueños y no luché por ellos, así que te ayudaré para que logres alcanzar los tuyos. Te daré un mapa que te llevará al Polo Norte.

––Yo ya tengo un mapa trazado ––dijo Patrick, y le mostró su mapa al oso. El oso le dijo:

––Este es un mapa que te llevará hasta Groenlandia, pero el Polo Norte no está en ningún mapa, es un lugar Mágico que solo ciertos viajeros han visto y conocen. Allí vive Papá Noel con su esposa y todos los elementales mágicos de la naturaleza: hadas, gnomos, elfos… Todos ellos le ayudan a irradiar la magia en el carro celeste que es su trineo mágico, y que es tirado por los mejores renos, escogidos personalmente por Noel. Allí está la Reina de las Nieves con el Espíritu de la Navidad, ayudados por el Señor de los Vientos, el cual se encarga de enviar las nevadas con polvo de estrellas mágicas, el espíritu invisible del amor que transmite la magia en esta época de la Navidad.

Los dos alces se quedaron con la boca abierta escuchando cada una de las palabras del señor Bär, quien tras estas explicaciones, sacó de unos de los cajones de un escritorio que estaba en la sala de espera, un mapa de tamaño mediano, y cuando lo desplegó, salieron luces de aurora boreal, y los dos renos dieron un salto hacia atrás de la sorpresa. El oso les dijo que cuando necesitaran luz en el camino, debían abrir el mapa, y este les indicaría el camino correcto a seguir. Además les dio algunos consejos de cómo llegar más rápido, ya que el tiempo iba transcurriendo y la Navidad se acercaba.

El señor Bär les anheló suerte para alcanzar su destino, y le dijo a Patrick que si creía en sus sueños, se cumplirían:

––Nunca dejes de creer en ti muchacho ––le dijo, y se despidió de los dos alces.

Patrick e Igor se pusieron en camino para coger el barco con destino Gothenburg. Los dos alces subieron al barco y disfrutaron del hermoso paisaje, cada vez hacía más frio y Patrick sacó la bufanda que le tejió su madre para estar más abrigado. Llegando a Gothenburg debían esperar el siguiente barco que los llevaría a Stockholm, Tromsø y finalmente a la isla de Kaffekluben.

Pasaron por cada una de esas ciudades, y aunque los pasajeros observaban a los dos alces con mucha extrañeza, a veces se les acercaban para preguntar si no estaban perdidos, y ellos les contaban el destino de su viaje. Algunos sonreían, mientras que otros decían que eran dos alces locos tras un sueño imposible, pero esto no detenía a Patrick, porque él creía en sus sueños y, sobre todo, tenía la bendición de su madre para llegar a su destino. Igor quiso desistir muchas veces, pero Patrick no le dejaba, y como este no quería dejar solo a su gran amigo, seguía acompañándolo.

Ya estaban cerca de Kaffekluben, la isla se divisaba y el capitán anunció que en pocos minutos estarían desembarcando. Nada más pisar tierra firme, los dos alces entraron a una cafetería para tomar una deliciosa taza de chocolate y galletas de jengibre, puesto que el frío era cada vez más intenso.

Los dos alces estaban muy contentos de estar cerca de su destino, solo faltaban 707 kilómetros para llegar al Polo Norte, y el sueño de Patrick se haría realidad. Llenaron su mochila de más chocolates, zanahorias, y galletas, y se dispusieron a viajar siguiendo el mapa que les entregó el señor Bär.

Caminaban sobre el hielo, y cuando parecían perdidos, Patrick abría el mapa de donde salían luces de aurora boreal y les indicaba por donde seguir. Después de recorrer medio día, y cansados de tanto caminar, decidieron tomar un descanso y comer unas barras de chocolate para reponer las energías. Patrick le dijo a Igor que sería bueno retomar la marcha para llegar lo más rápido posible a su destino.

Cuando dieron algunos pasos, se encontraron con Pingüi y Mingüi, los pingüinos gemelos, que estaban de regreso a casa después de un largo recorrido desde la Patagonia hasta el Polo Norte. Igor los saludó y los pingüinos les dieron un saludo muy gracioso agitando sus aletas. Pingüi les dijo a los dos alces:

––Buenas, compañeros, ¿adónde van con tanta decisión, y cuál es el motivo de su viaje? ––Patrick les relató su sueño y toda la travesía que habían hecho hasta ahora. Mingüi dijo que ellos conocían a alguien que les podía ayudar a llegar más rápido a su destino. Los dos alces y los pingüinos gemelos se encaminaron hacia un pinar. Pero, ¿qué hacía un pinar en medio de un territorio congelado? Pues, cuando uno se adentra en Groenlandia, muchas cosas mágicas suceden, siempre y cuando creas en ello. Y todos los que estaban allí creían en la magia.

Caminaron durante unos veinte minutos y llegaron frente a un enorme pino con un hueco dentro de él. En ese hueco había una puerta labrada con unos símbolos que los alces no conocían. Pingüi dijo que eran unos símbolos rúnicos que estaban allí desde hacía muchísimo tiempo, no sabría decir cuántos. Tocaron a la puerta, esta se abrió  y un lobo negro salió a atenderles. Mingüi le preguntó por Lupus Freilan, y el lobo negro los hizo pasar a un salón muy iluminado y les pidió que aguardaran un momento. Cinco minutos después, un enorme lobo blanco entró al salón y los saludó:

––Buenas noches, caballeros ––los dos alces y los pingüinos gemelos respondieron al unísono:

––¡Buenas noches!

Lupus Freilan les preguntó a qué se debía la visita, y Patrick le relató todo sobre su gran sueño y la gran travesía que habían hecho. El lobo blanco se quedó reflexionando algunos minutos, y luego miró a los visitantes, y en especial a Patrick, y dijo:

––Bueno, muchacho, lo que puedo hacer para que puedas alcanzar tus sueños es ayudarte a atravesar el bosque de pinos blancos, donde el tiempo y la distancia no se miden. Lo que te llevaría muchos días, lo harás en horas. Esa es la magia que envuelve este bosque, en el que solo pueden entrar los que creen en la Gran Magia del Espíritu de la Navidad. Tras esto, el lobo blanco hizo los preparativos para salir inmediatamente, ya que muy pronto sería la Navidad, y no había tiempo que perder.

Todos estaban dispuestos para la nueva aventura: Patrick, Igor, Pingüi, Mingüi y el Lupus Freilan. Se adentraron en las profundidades del bosque blanco con la sensación de que sus pasos eran más veloces de lo que parecían. El lobo blanco les explicó que ahí todo era mucho más rápido y que en algunas horas saldrían del bosque. Cuando Patrick abrió el mapa para averiguar dónde estaban, la luz les indicó que habían llegado al Polo Norte. El Lupus Freilan y los pingüinos se despidieron de los dos alces y les anhelaron mucha suerte.

Los dos alces quedaron solos en medio de la nada, porque no había absolutamente nada en ese lugar, consultaron de nuevo el mapa y nuevamente les indicaba que habían llegado a su destino. Pero allí no había rastro de la casa de Papá Noel, ni de hadas, gnomos, o elfos. Nada. No había ni un alma en ese lugar, todo era un desierto de hielo.

La decepción de Igor fue muy grande, y este le dijo a Patrick:

––¡Un viaje tan largo para nada! ¡Estamos en medio de la nada! No lo puedo creer, Patrick, hemos recorrido miles de kilómetros para llegar a ningún lugar ––Patrick le respondió:

–Debimos de haber hecho algo mal, el mapa indica que estamos en el Polo Norte.

Nuevamente consultaron el mapa, pero este seguía indicando que habían llegado a su destino. Igor comenzó a ponerse nervioso, estaba con mucho frío y muy cansado, por lo que Patrick le dijo que harían una fogata con las chispas mágicas que le había entrega el señor Bär, esas chispas se encendían hasta sobre un bloque de hielo,  pasarían la noche allí aguardando a que algún milagro ocurriera. Él sentía en su corazón que estaban en el lugar indicado y que debían esperar.

Llegó la noche y la aurora boreal era cada vez más intensa. Patrick está fascinado con el espectáculo de la naturaleza: la energía, las luces, los colores y, sobre todo, una magia especial que comenzó a rodear el lugar. Al llegar la medianoche, los alces se dispusieron a descansar, pero con tanta luz no lograban hacerlo. De un momento a otro escucharon un tintineo de campanitas que se repetía una y otra vez, miraron a su alrededor y vieron cómo los fulgores de la aurora boreal impregnaban todo el lugar, y cómo unas pequeñas luces giraban e iban de un lugar a otro. De repente, en un abrir y cerrar de ojos, comenzaron a aparecer unas hermosas casitas de colores adornadas con arreglos navideños, luces, y lámparas. Cada vez aparecían más y más hermosas casitas con sus chimeneas, y de a poco se fue divisando una pequeña aldea, hermosa, y toda adornada con el maravilloso Espíritu de la Navidad. Igor no salía de su asombro y daba saltos de alegría al ver que la pequeña aldea de Papá Noel estaba frente a sus ojos. Patrick fue caminando por el medio de la aldea hasta que llegó a un lugar donde había un cartel que decía: “Solo para Renos de Noel”.

Entró en el establo y vio cómo tres elfos cuidaban de seis renos, grandes, hermosos y fuertes. Se les acercó y saludó a los elfos Weilly, Wailly y Willey. Los tres elfos eran los responsables del cuidado especial de los renos que tirarían del trineo esta Navidad. El trineo estaba a cargo del gran elfo Wunorse Openslae, quien era el diseñador del trineo mágico y se encargaba de que todo estuviera en su punto exacto para el gran viaje de Papá Noel en Nochebuena.

Patrick quedó muy emocionado y les contó a los tres elfos todo sobre su sueño y su travesía hasta el Polo Norte. Los elfos comenzaron a reír sin parar, y cada vez que veían a Patrick se miraban y decían: “¡Un alce que quiere ser un reno!”. En esos momentos llegó Wunorse y preguntó qué sucedía, de ahí que los elfos le contaron la historia de Patrick. El gran elfo lo miró y le dijo:

––Muchacho, yo mismo he diseñado el trineo mágico de Noel, y este solo es tirado por unos renos que son escogidos por tener una preparación especial. Un alce no está preparado para este viaje, así que lo siento mucho, tu viaje fue en vano.

Patrick e Igor quedaron en silencio ante estas palabras, y no pudieron más que resignarse, pero cuando salieron del establo se dirigieron a la casa de Papá Noel, en un último intento por lograr su sueño. Tocaron a la puerta y un gnomo los atendió. Era un gnomo que tenía un gorro con puntas de color rojo, cara redonda y una barba larga que le llegaba hasta las rodillas. Llevaba un saco verde y uno pantalones rojos con botas blancas. Patrick pidió permiso y entró en un salón donde había una gran chimenea totalmente adornada con guirnaldas, luces, estrellas y flores de pino silvestre. Allí había una escalera que iba al segundo piso, donde se divisaba a Papá Noel en un escritorio de madera. El gnomo, que se llamaba Reunald, les dijo que aguardaran un momento, Noel los atendería en unos minutos. Los dos alces se sentaron en un enorme sillón color verde, y Patrick se puso a observar el maravilloso lugar: las luces, las guirnaldas, las velas de colores y una enorme lámpara de cristal. Toda la casa era de madera y se sentía un aroma delicioso a cedro, además del que desprendían el árbol de pino y los frutos silvestres que estaban debajo. Ese hermoso árbol de Navidad le recordaba su hogar en München. Mientras Patrick seguía volando con sus pensamientos, se escucharon unos pasos descendiendo las escaleras, era Papá Noel quien saludó a los dos alces con una enorme sonrisa.

––Buenas noches, muchachos, los estaba esperando. Mi gran amigo, el señor Bär, me dijo que llegarían hoy. ¿En qué les puedo ayudar? ––aunque Noel sabía del sueño de Patrick, prefería que fuera él quien lo dijera. Así, Patrick le relató todo, desde su sueño hasta la travesía para llegar al Polo Norte. Papá Noel escuchó con mucha atención y les dijo a los dos alces, que la tradición era que su trineo debía ser tirado por renos, que nunca se había presentado una situación de esta naturaleza, y que debía de pensarlo y llevarla al consejo del Polo Norte, donde convocaría una asamblea de emergencia.

Todo el Polo Norte estaba en un enorme revuelo, porque quedaba poco tiempo para la Navidad y esta asamblea no entraba en los planes. Sin embargo, todos respetaban las decisiones de Noel, por lo que en un abrir y cerrar de ojos todos estuvieron sentados en el gran salón de Noel. Los últimos en entrar fueron Patrick e Igor, Papá Noel estaba con Mamá Noel a su lado.

Papá Noel dio inicio a la asamblea y como ya todos sabían de qué se trataba, lo dispusieron a votación. Los elfos se acercaron a Waldemir, el jefe constructor de los juguetes, y le dijeron que esto nunca había ocurrido, pero como se trataba de un sueño, se le debía de dar la oportunidad.

Los gnomos hablaron con Hirandiall, su orientador y guía mágico, también opinaban lo mismo.

Las hadas sacudieron sus alitas y fueron a hablar con Sarabella, su princesa, y también dijeron que debían de tener en cuenta que se trataba del sueño de Patrick.

Wunorse, el diseñador del trineo, dijo que era imposible:

––El trineo fue construido para ser tirado por renos. ¡Es imposible! Un alce no puede hacerlo. Esta es mi última palabra ––Gutemfulgor, el guardián del secreto de la aldea de Papá Noel, reflexionó por un momento y dijo:

––Si el alce es capaz de tirar del trineo mágico, se le debería conceder su deseo.

Papá Noel intervino y dijo:

––El Espíritu de la Navidad está para cumplir los sueños, así que debemos darle la oportunidad a Patrick el alce ––Mamá Noel se acercó a Patrick, le acarició sus hermosos cuernos, lo miró con ternura y le dijo:

––Si tú crees en tus sueños, lo lograrás. Yo creo en ti Patrick ––y le dio un beso.

Wunorse refunfuñó, pero aceptó la decisión de la asamblea de darle una oportunidad a Patrick. Los Elfos Weilly, Wailly y Willey acompañaron a Patrick y a Igor al establo para prepararlo para su primer vuelo. Patrick estaba nervioso pero feliz de poder tener esta gran oportunidad.

Todos fueron a las calles de la aldea. Wunorse trajo el trineo mágico, los tres elfos trajeron los seis renos y también a Patrick el alce. Todos se hallaban dispuestos y el trineo preparado. Papá Noel se sentó en el trineo y le pidió a la princesa de las hadas, Sarabella, impregnar con polvo de estrellas fugaces a Patrick, lo cual le ayudaría a volar. Mamá Noel preguntó a los renos:

––¿Estáis preparados? ––estos respondieron con un sí al unísono. Y también Patrick respondió afirmativamente.

––¡En marcha! ––dio la orden Papá Noel. Randy, Landy, Wandy, Durtill, Furtill y Tristill se pusieron en marcha, y como Patrick iba al final, también obedeció la orden, pero no pudo seguir el ritmo de los renos e hizo que Papá Noel frenara bruscamente y chocaran ante un montículo de nieve. Papá Noel condujo nuevamente el carro a la pista de la aldea, y les dijo a todos:

––¡Intentémoslo nuevamente! ––Y dio la orden de partida––. ¡A volar!

Los renos comenzaron a tirar del trineo, y aunque Patrick también lo hacía, se desestabilizó y chocaron, esta vez contra la tienda de juguetes. Mamá Noel se acercó y acarició a Patrick, le dio una porción de zanahorias mágicas preparadas por ella misma y le dijo:

––Debes de creer en ti, no lo olvides. Si tú no crees en ti mismo, no podrás lograr alcanzar tus sueños ––le sonrió tiernamente y Patrick se sintió con mucha fuerza.

Wunorse se acercó a Papá Noel y le dijo:

––No es bueno que estemos exponiendo a los renos por un alce y su sueño imposible. Esta debería ser la última oportunidad ––Papá Noel sabía que Wunorse tenía razón, y asintió. Sería la última oportunidad. Igor se acercó a Patrick y le dijo:

––Creo en ti, amigo. Tú puedes lograrlo ––Randy, el reno con más experiencia se acercó a Wunorse y le dijo que como Patrick tenía mucha fuerza, sería mejor que fuera al frente de todos. Wunorse no quiso escucharlo, pero Papá Noel aceptó la sugerencia de su gran amigo Randy y así lo hicieron. Ahora, Patrick iba al frente de todos los renos y sintió la gran responsabilidad que caía sobre él. Miró al cielo, a la Gran Estrella del Norte, y pidió con todas sus fuerzas al Espíritu de la Navidad que le concediera el milagro de volar.

Todos se colocaron nuevamente en sus puestos. Papá Noel tomó las riendas del trineo, y los renos estaban listos, al igual que Patrick el alce. Antes de que Noel diera la orden a Randy, le dijo a Patrick:

––¡Ten fe, muchacho, tú puedes! ––y se oyó la voz de Noel que decía––: ¡A volar, muchachos!

Patrick comenzó a correr con todas sus fuerzas con sus ojos mirando la Estrella del Norte. De repente, sintió cómo su cuerpo flotaba de a poco, y cada vez subía más y más. Y no dejó de correr…

Todos en la aldea gritaron de alegría. Mamá Noel y Sarabella sonreían ante el milagro. Papá Noel decía:

––¡Muy bien, muchachos, sigan así! Patrick, lo haces muy bien, lo lograste, muchacho, lo lograste ––Patrick sentía cómo su cuerpo flotaba y volaba libremente por el cielo nocturno del Polo Norte, y en su corazón le hablaba a su madre: “lo he logrado mamá, lo he logrado”.

Igor no paraba de saltar y gritaba para que Patrick pudiera oírle:

––¡Lo lograste amigo, lo lograste!

Papá Noel ordenó a Patrick y a los renos regresar a la aldea, y así lo hicieron. Muy lentamente fueron descendiendo y se posaron sobre la nieve blanca. Papá Noel dijo:

––Fue un aterrizaje perfecto, Patrick.

Todos fueron corriendo a felicitar a Patrick, el primer alce en tirar del trineo de Papá Noel. Incluso Wunorse le felicitó, y los tres elfos lo abrazaron con mucha efusión mientras le decían:

––¡No creímos que pudieras lograrlo, pero lo has hecho! ––Wunorse dijo:

––Ahora es bueno que descansen, hay mucho por hacer y solo quedan algunos días para la Navidad.

Llegó el día antes de la Nochebuena, y el trineo de Papá Noel estaba cargado con todos los juguetes que los niños habían pedido en sus cartas. También llevaba polvo mágico de estrellas fugaces, para así espolvorearlo por el mundo y que siga habiendo magia, amor y fe. Los renos estaban en sus puestos y Patrick el alce iba al frente. Papá Noel dio la orden:

––Randy, Landy, Wandy, Durtill, Furtill y Tristill ––y dio una sonrisa a Patrick y dijo––: ¡En marcha!

Los seis renos, junto con Patrick, comenzaron a correr con todas sus fuerzas, y de a poco volaban por el cielo nocturno del Polo Norte. El trineo estaba iluminado por la luz de la aurora boreal y las hadas habían colocado en las campanillas de los renos y de Patrick, polvo de estrellas fugaces, y a medida que se alejaban, se veían como estrellas fugaces viajando por el cielo.

Así fue como Patrick el alce logró cumplir su sueño de tirar del trineo de Papá Noel, y así tú también puedes lograr alcanzar tus sueños, aunque creas que son imposibles. Solo hay que tener fe y llenarse del Espíritu de la Navidad. Te invito a que mires el cielo nocturno en Nochebuena. Si crees en ello, podrás ver a Patrick el alce tirando del trineo de Papá Noel.

¡Feliz Navidad para todos!

 

Christmas Cookies (a gift for my readers)

The Miracle of Christmas Cookies

It’s December 1, and today we are going to visit my nonna Mimi, who is my mother’s mother. When I see her, it’s like she came out of a storybook with her emerald green eyes that shine like the northern lights, her smile full of warmth, her silver hair that tells the story of the years that have passed, but “not in vain”, like she always says. Oh, by the way, I’m Lily, and today I’m going to tell you why I am looking forward to Christmas.

Although much of the meaning of the magic and spirit of Christmas has been lost, my nonna Mimi made sure that I understood it’s importance, and she taught me to “feel and live” Christmas. Many of you will find this a bit corny, but be patient, keep reading, and then you can tell me if you are captured by the sweetness of Christmas.

Every December 1 my family, including my father, Giuseppe Brentano, my mother, Giorgia Angelo, and me, Lily Brentano Di Angelo, go to my nonna Mimi’s house to make cookies. It’s a tradition she inherited from her mother and her nonna, “The Great Italian Family”.

Nonna Mimi told me that to make tasty and special cookies, you need high quality ingredients, and when she says, “high quality,” they aren’t just any ingredients. She went to the local Nashville-area farms – oops! I forgot to tell you that I live in Nashville, Tennessee and, I LOVE my city! It’s a little exaggerated, but people from the South are like that – always looking for the freshest and healthiest ingredients.

Nonna Mimi has a very nice way of addressing people, and everyone loves her even though they don’t know her. In her seventy years, she has the energy of a woman of fifty and the character of a military general – during war. I’m sorry grandma Mimi, but I had to say it, but I love you and you know it’s true.

My mom, Giorgia, is a CIA agent. No, she is not really a CIA agent, but whenever I go out with my friends, she acts as if she was. And according to my friends, I’m a little bit “special”, and what I mean by that is that I prefer to go to the library, sit on the floor, and transport myself to distant places, being a part of the adventures of each book I read. Sometimes, when I close a book and look around, I say to myself, “Oh no, I’m still here in the library!” – because I identify myself so much with the characters that sometimes I feel like I am the princess, the ancient warrior, or the magic fairy. In the end, it’s just me, Lily Brentano Di Angelo.

My dad, Giuseppe, is a publisher of children books. He travels once a year to his native Italy to attend the Bologna Book Fair, bringing back the latest novelties from the bookstores for his “most beloved daughter”. My dad is my best friend, my accomplice, and my companion in my literary adventures.

Ok, back to the cookies, or rather, the Christmas cookie’s ingredients. Imagine for a moment a beautiful place on the outskirts of Nashville, where all the farmers display what they produce at the Nashville Farmer’s Market. There the aromas of fresh butter, bread, cakes, pies, eggs, cheeses, and jam, are all blended together. Yum! Sorry, for a moment I was transported back there – does that ever happen to you?

Ok, anyway, back to my story. Already have chosen and bought the perfect ingredients, we went back home, but not without tasting some delicious croissants from Maison Chace. My parents and I were huge fans of these croissants. Like my dad always says, veramente squisiti (truly exquisite).

Back at the house, my nonna put the ingredients on the kitchen table and gave all of us, including my dad, some funny green hats with reindeer antlers, some red aprons with Santa’s face, and green Crocs to match. My dad, with a disgusted look, asked my nonna, “Is this really necessary?” and my nonna, in her most Sicilian manner, responded, “Do it like it’s supposed to be done or don’t do it. There is only one option, just do it!” she ordered, like a military General in battle so my dad wouldn’t dare question that again.

All of us, in “uniform” ready to begin, each one with a bowl in hand, and my nonna in the middle directing the order of the ingredients:

260 grams of flour: Gently sift the flour. This is very important, the gentleness with which we do it can make miracles happen!

100 grams of brown sugar: Christmas’ sweetness should be included in this ingredient because without sweetness, it’s better not to make them at all. When my nonna refers to the sweetness, it’s the amount of affection and kindness that each one adds to these cookies.

5 grams baking soda: This ingredient is very important because it will make the cookies perfectly soft – “au point”. It’s like loving words we say to each person in need of our help, softening them with those words.

1 teaspoon of cinnamon: Yum, what an aroma, what flavor! My nonna says that this ingredient heals all the pain from the year, healing any wound, however deep it may be, in the body and in the soul.

1 teaspoon of ginger powder: This root is very important because it comes from the earth and collects all of Mother Nature’s power and balances us. That’s why a little pinch of ginger can harmonize people, a main characteristic of Christmas.

1 pinch of salt: My nonna explained to us that if there’s not balance between rigour and love, nothing can work. This is the job of salt, to balance the flavors by integrating them all in harmony, with peace and love.

1 egg: Next, she told us to beat an egg on a plate with a fork, not with the blender because the heat from your hands and the fork’s movement infuses the enthusiasm and joy into the cookies. Then, add the beaten eggs to the previous dry ingredients.

150 grams of butter: Finally, the most important touch. Nonna explained to us that butter is the result of the transformation and miraculous mutation of milk cream into something superior. She wanted us to understand that to transform an ordinary object into something superior was very important. That nothing will change within us without changing hate into love, pain into happiness, impatience into calm, and so on. The butter should be soft, and we should beat it with our hands until it’s creamy. Once it’s creamy, mix it well with the rest of the ingredients until you get a smooth and homogenous mixture. She told us that we should knead it, infusing into it the most beautiful and elevated aspirations of our heart, and then she began singing:

“Noel, Noel, Noel, Noel
Born is the King of Israel!

They looked up and saw a star
Shining in the East beyond them far
And to the earth it gave great light
And so it continued both day and night.
Noel, Noel, Noel, Noel
Born is the King of Israel!”

We all began to sing with her, and I felt it in my heart as each ingredient was having an effect on my family. My nonna smiled at me because she understood in that moment what I was feeling. She told us that we just added the most important ingredient. The three of us looked at each other because we hadn’t added anything else, but she was referring to the special moment that we had created with the song.

Now we had to place a dish cloth over the dough to let it set so that the Christmas Spirit could impregnate the dough. Next, my nonna brought us the cookie cutters: small trees, snowmen, reindeer, etc. Each one made their cookies to perfection. We lined the trays with paper and butter and we arranged the cookies to put in the oven at 180 degrees Celsius for 20 minutes. After that, they were ready to cool and decorate.

And then came the most exciting part, the decoration of the cookies! Nonna prepared the icing with sugar, egg whites and lemon, filling the pastry bags with different colors and each one was fancifully placed on the cookies. When we finished, we delicately placed the cookies in the baskets so they wouldn’t get damaged.

All of our neighbors appreciated the kindness of our family when we brought them the cookies, but something happened that I was not expecting. We went to Michael Clawson’s house, the most popular boy in the school. Michael and his friends called me “Braids” since I was young, and that really bothered me.

I told my nonna that I would stay in the car, but she wouldn’t let me, saying that I should be with everyone, and that Mrs. Clawson was a very good friend, and her son was a great kid.

“What?! A great kid? He is the biggest jokester in the whole school and what is more he believes he can have any girl he wants. No! Absolutely not!” But my nonna insisted and the door to the Clawson’s house opened, and there he was. The popular boy, Michael Clawson, with those sky-blue eyes, chestnut hair, and that gorgeous smile that I…. “What! What am I saying? Lily Brentano Di Angelo! What are you thinking?! It’s Michael you’re talking about. Wake up!”

My thoughts were interrupted because Michael greeted my nonna and me.

“Mrs. Di Angelo and… Braids, how are you? What can I do for you?” before I could respond, Mrs. Clawson greeted my nonna with such enthusiasm that I did not get the chance to respond to Michael.

The conversation between the two seemed like it wouldn’t end, but when they finished, my nonna had the “great” idea to invite Michael to come with us to visit The Children’s Hospital at TriStar Centennial. I told my nonna we didn’t need help, but he smiled at me and said he would gladly do it. I was shocked. It was clearly an attack on my family, on my dignity and my braids.

Michael grabbed his jacket and accessories, and I was wondering what was meant by “accessories.” In 15 seconds, Michael returned with the same green hat with antlers, Santa apron, and green shoes. I couldn’t believe what I was seeing, my own nonna planned everything against me. This is definitely treason, and it couldn’t be forgiven. My indignation was such that I turned and went directly to the car.

My father was driving the car, my mother was by his side and my nonna, the traitor, was behind me and the conceited one. We arrived at the hospital and my father told us that we should not forget the children’s books that were in the storage room. We arrived at a room where there was a very small child with a double ear infection, shortness of breath, and was coughing a lot. His name was Denver and his mother Amber, who was the entrepreneur owner of the famous “Native in Nashville” t-shirts, of which I was a fan. She left everything for her child. My nonna told me that the love of a mother was incomprehensible, that God blesses all mothers with that great love and strength to overcome any difficulty.

It occurred to me to read him an adaptation of Dickens’ Christmas Story. I started reading the story, and Denver smiled with gestures and faces. I moved from one place to the other trying to explain to the little boy the meaning of the story. Michael kept reading without any warning. Again, I was shocked and couldn’t believe my eyes: our high school’s conceited Michael Clawson, reading a storybook.

Michael finished his story and everyone present in the room, the nurses, my nonna, Amber, and even Denver, gave a round of applause for his reading. Michael approached me and said in my ear, “You didn’t expect that, did you Braids?” In that moment, I felt a jolt in my whole body and breathed deeply so that neither Michael nor my nonna would notice, but I think it was too late. I was smiling like a fool in front of everyone, like a typical teenager. I just wanted to disappear.

Mrs. Amber and her child Denver thanked us for the visit and the reading saying, “Guys, you are great and you make a very good couple”. I only gave a half smile, while Michael thanked her. After leaving the hospital, Michael put his arm on my shoulders and said:

“You see Braids, you and I are good at something,” and then he went to the car.

I also got into the car without looking at him, my nonna in the middle of the two of us and she took our hands, joined them and said:

“Thanks guys, it was quite a nice thing to read for those small children. We brought them magic, love and joy, and that is the most important thing. That is the miracle of Christmas that is permeating our hearts.” My nonna had a very sweet way of expressing herself. I had already forgotten her betrayal and now I understood that everything was for the good of these small children. I have the privilege of spending Christmas with my family, but many will not be able to do so.

My nonna gave us some cookies, and Michael said he had never tasted such delicious cookies, and that he felt a tingling in his throat every time he swallowed. My nonna replied that this was the magic of Christmas cookies – that each person experienced them differently because they gave each one what they needed.

When we arrived home, my nonna invited Michael to a cup of chocolate, which he gladly accepted, and I oddly liked the idea. I do not know myself really, a few hours ago I didn’t even want to think about him, and now he seemed like a nice guy. It must be the hormones that made me change my mind so quickly. Well, it’s understandable. I am in that conflicting and emotionally changing age. If you are fifteen, you know what I mean.

We stood in front of the fireplace and my nonna brought us the delicious cups of foamy chocolate with cinnamon. We were talking about my father’s travels, and nonna told us her stories in Italy, and my mother joined in as usual (like she always did), as a CIA agent in action, but less intensely. I think she also liked Michael, but just like me, she didn’t want to admit it.

Suddenly night came and Michael excused himself to leave. I wanted him to stay. Really! What’s happening to me? Lily Brentano Di Angelo, who could understand you, she wondered. Michael asked me if I could accompany him to the gate, to which I gladly accepted. Hormones, cut it out, you’re betraying me. We reached the gate, and we were still enjoying the Christmas cookies, when Michael took my hands and said:

“Thank you, Lily, I have had a wonderful afternoon with your family, especially with you.” My legs trembled. In that moment, Michael held me in his arms and kissed me on the cheek. All of a sudden, my survival instinct, or I don’t know what, made me react, and I slapped him on the face. He stared at me perplexed by what I had just done. My nonna and my mom were peeking out the window, and my mother, with a cry of triumph, exclaimed: “That’s my daughter!”

Then, Michael, while I was finishing the last bite of magic Christmas cookies, gave me a sweet and wonderful kiss on the lips, and my nonna said: “That is my neighbor.”

I was stunned, and I only felt bits of cookies and his delicate lips on mine. Then he looked at me and asked,

“Lily Brentano Di Angelo, do you want to be my girlfriend?” With a silly smile on my face, I answered, “Yes.” What? You said yes, Lily? Don’t trust yourself, it’s your hormones, I repeated to myself. But there was something that wouldn’t let me say a word; those blue eyes, that wonderful smile. Michael came close again and gave me a kiss on the forehead and said, “It was the most delicious kiss ever, with a Christmas cookie flavor.” He turned around and went home.

I stood like a snowman stuck to the ground, unable to move and didn’t understand what had happened. My nonna came out to me, gave me a hug and whispered in my ear, “Now you believe in the miracle of Christmas cookies.” I looked at her and said, “Nonna, I think your cookies are magical, and today they made several miracles, not only for me but for everyone who tasted them. Thanks. Nonna, today I have learned many good and magical things thanks to you.”

I think that’s enough for today. I just wanted to tell you why Christmas cookies are so special for me, and how we are sometimes wrong about other people. Christmas is a time to love, a time to forgive, a time to face changes and new opportunities. Let yourself feel the spirit of Christmas. I invite you to make this delicious Christmas cookie recipe by my nonna.

As for Michael, we’re still together, but I’ll tell you about that another time.

Merry Christmas everyone

La Abertura de Los Vórtices

Faltan doce horas para el inicio del mes de diciembre y las Grandes Montañas Humeantes están en movimiento para la abertura de los vórtices. Los Devas, las hadas, el Señor del Viento, la reina de las hadas Shampillon están con el Espíritu de la Navidad, todos preparados para el canto Sagrado. Este canto activa  la llave y el cerrojo de las puertas de los Vórtices en las Montañas Humeantes.

Oso Pardo el Jefe Cherokee enciende la fogata y se escucha aullar a la manada de lobos, invitando al silencio musical. Cuando el silencio se hace profundo, los grillos comienzan a cantar anunciando el Canto Sagrado. Shampillon enciende las lámparas y sus hadas entonan el mantran “M” en la nota musical Sí bemol y en la frecuencia 432 Hz., que es la frecuencia original de la Madre Naturaleza.

La Estrella Lupus se alinea para unirse a la Fuerza que ayudará a abrir los Vórtices, y Mister Black y los demás miembros de la Asamblea acompañan en profundo silencio para que toda la Fuerza de la Montaña fluya correctamente.

El Espíritu de la Navidad frota sus manos con polvo de Estrellas y luces de la Aurora Boreal, toma su vara Mágica y la extiende en dirección a las puertas de los Vórtices cantando:

Vosmet aperire portas et imperium viribus per Noe

Noe conversus est vis

Noe Noe Noe

El coro de hadas repetía una y otra vez en una nota musical más elevada, y se sentía en el ambiente cómo toda la naturaleza comenzaba a vibrar.

Las llaves mágicas aparecieron en un pestañear de Estrellas y se introdujeron en el cerrojo, giraron y las puertas comenzaron a abrirse. Una vez abiertas, una luz dorada comenzó a girar en el centro de las puertas. Giraba de derecha a izquierda, como las manecillas del reloj, señal de que el tiempo comenzaba a transcurrir. Y cuando esta luz dejaba de girar, las puertas se volvían a cerrar.

El Espíritu de la Navidad habló al hada Eirny, quien estaba con Shampillon, y le dijo que ahora todo estaba en sus manos.

El hada Eirny debía regresar a la casa de Lily junto con el Unicornio azul llevando polvo de estrellas fugaces. Lily aguardaba con paciencia la visita del Hada Eirny.

Lily se quedó dormida en la biblioteca leyendo la recopilación de las hadas de Islandia escrita por su padre, y entre sueños escuchó el aleteo del Unicornio azul. Ella se movió lentamente porque no quería despertar de ese sueño. Sin embargo, no era un sueño, todo lo que estaba viendo era ahí mismo, en este mundo físico.

El hada Eirny saludó a Lily y le presentó a Antares, el Unicornio azul. Antares saludó a Lily en un perfecto español, y esta, al oírlo, quedó muy sorprendida y le dijo al hada:

––¡Me está hablando! ––el hada Eirny sonrió ante la sorpresa de Lily y le dijo:

––Lily, esto no es nada, de ahora en más, te esperan grandes aventuras. Unas buenas y otras no tan buenas, pero todo esto es parte del trabajo, para que siga habiendo Magia y Amor.

El Unicornio azul se sacudió, y todo el polvo de estrellas cayó sobre la alfombra de la biblioteca, pero mágicamente fue elevándose del suelo y comenzó a unirse y a entrar en una bolsa de mano que tenía Lily sobre el escritorio de su padre. La bolsa se cerró, almacenando en su interior el polvo de estrellas.

El hada Eirny dio las indicaciones a Lily sobre cómo debía realizar su primer viaje a través de las puertas de los Vórtices. Ella se colocó la bolsa que contenía el polvo de estrellas y se montó sobre Antares para ir hasta las Montañas Humeantes. El hada Eirny los guiaba encendiendo su lámpara.

Al llegar ante las puertas de los Vórtices, todos los presentes saludaron a Lily, anhelándole un buen viaje. Oso Pardo, el Jefe Cherokee, le entregó la pluma del Águila Lavu para protegerse de los peligros; Shampillon le dio la lámpara Alim para alumbrar su camino; y El Espíritu de la Navidad, junto con el Señor del Viento, le dieron Ráfagas del Viento Sur para que cada vez que necesitara volar más rápido, pudiera hacerlo con esas ráfagas.

Lily colocó todos los elementos en su bolsa, que era de color naranja, ya que según el Hada Eirny, el color naranja vibra en sintonía con el Sol.

––Antes de partir ––dijo Randall, el Deva de las aguas de las Montañas Humeantes––, coge esta botella de agua que nunca se acaba. Cada vez que la termines, vuelve a llenarse. Sin agua, no hay vida, y la necesitarás.

Lily, a pesar de sentirse acompañada y ayudada, abrigaba un leve temor por todo lo que le esperaba. Su padre le estuvo dando indicaciones sobre los viajes, al igual que cada uno de los presentes en la Asamblea anterior. Pero aun así, lo nuevo, lo inesperado, provocaba en ella una confusión de sentimientos, no obstante, hacía lo posible para que nadie lo notase.

––Es hora ––dijo el hada Eirny. El Gran Muriak, Guardián de las Puertas de los Vórtices, dio su permiso y las dos se colocaron frente a una de las puertas. Lily vio cómo la luz giraba cada vez con más fuerza, y sintió cómo todo su cuerpo temblaba. El hada Eirny le dijo:

––Sígueme ––y esta entró por la puerta. Lily dejó de ver al hada, miró a su alrededor, y los presentes la miraron esperando que diera el paso hacia la puerta. Con las piernas temblorosas y sus manos sujetando fuertemente su bolsa naranja, Lily dio un salto y atravesó la puerta.

 Comenzó a sentir cómo una gran aspiradora atraía su cuerpo, y en esos momentos gritó:

––Hada Eirny, hada Eirny, ¿dónde estás? ––y el hada respondió a los lejos:

––Aquí, aquí, enciende la lámpara Alim ––Lily sacó la lámpara de la bolsa y la encendió. Todo brillaba a su alrededor como piedras luminosas mientras era succionada por una gran aspiradora, o al menos, eso pensaba Lily.

Lily comenzó a ser succionada con más fuerza, y comenzó a gritar:

––¡Ayudaaaa, ayudaaaa! ––y luego, en un pestañear de Estrellas, sintió cómo alguien la sujetaba entre sus brazos. Ella colocó la lámpara para observar mejor, y vio que un chico la saludaba con una sonrisa.

––¿Quién eres? ––preguntó la niña asombrada. Y él respondió:

––Soy Unai, el guerrero de la Península Ibérica. Seré tu protector junto con el hada Eirny. Sujétate Lily, estamos llegando ––ella se sintió caer con más fuerza y suplicó ayuda de nuevo:

––¡¡¡Hada Eirny!!!

El hada Eirny, junto con el guerrero Unai, la sostuvieron y lograron que se posara suavemente en el suelo. Lily, después de tremenda aventura, se acomodó la ropa y su bolsa, y echó una mirada a su alrededor. Contempló un bosque desconocido que a la vez le era un poco familiar. El hada Eirny le dijo a Lily y a Unai:

––¡¡¡Bienvenidos a mi Hogar, estamos en Islandia!!! ––Lily no podía creer lo que había pasado. Hacía algunos minutos estaba en las Montañas Humeantes y ahora en Islandia.

––¿Hemos viajado en el tiempo?

––No, Lily ––repuso el hada––. Hemos viajado a través del tiempo. Vamos, debemos de darnos prisa. Nos esperan.

Unai cogió la mano de Lily y comenzaron a caminar adentrándose en el bosque cercano a la cascada de Gullfoss, en las tierras de los Huldufolk. ¿Qué peligros y aventuras les aguardarían allí?

 

Asamblea en las Montañas Humeantes

El Hada Eirny llegó a tiempo para la Asamblea, ya comparecían todos los convocados: Sam Wolf y la manada de Lobos del sur; Míster Black y los Oseznos del norte; Shampillòn, el Hada Reina del Bosque de las Montañas Humeantes; Oso Pardo, el Jefe Cherokee Guardián de las Reservas Milenarias; Baràn, el Deva de los Árboles Milenarios; Randall, el Deva de las aguas de las Montañas Humeantes; y el Gran Muriak, El Guardián de las Puertas de los Vórtices.

Sam Wolf dio inicio a la Asamblea:

––Hermanos, una vez más nos hemos reunido para cuidar que nuestra Misión aquí, en este universo, sea cumplida. Para continuar con nuestras tradiciones y ayudar a que La Magia y el Amor no se pierdan. Se acerca la temporada en que las puertas de los Vórtices comenzarán a abrirse y sólo se permitirá pasar a través de ellas a quienes estén preparados. Hoy nos acompaña el Hada Eirny, Guardiana y Protectora de la Magia Hundulfolk, que ha llegado a través del Vórtice de Centennial Park.

El Hada Eirny se colocó en medio de los presentes, encendió su luz dorada y se dirigió a ellos:

––Hermanos, hoy he conversado con la Nueva Viajera de los Vórtices, esta vez hemos encontrado las tres virtudes reunidas en una sola persona. Como sabrán, su nombre es Lily y tiene la herencia de su Padre: la Escritura. Además, fue bendecida con la voz de la Narradora, y estoy aquí para que desarrolle la virtud de ser Viajera de los Vórtices, para que viva la Magia y Escriba acerca de ella, para que la transmita, Narrándolas. Lily puede volar conscientemente por el mundo de los Sueños, y lo está haciendo muy bien. He hablado con Ali y Hassan, ellos se encargarán de Guiarla.

Míster Black preguntó a Oso Pardo si ya conversó con Lily sobre los Misterios de las Montañas Humeantes, él respondió que aún no, pero que la ha visto sobre los Humeantes de las Montañas. Míster Black no entendió a qué se refería Oso Pardo. Lily, todas las mañanas antes del amanecer, saluda al Sol y se eleva con los Humeantes, es decir, que el Espíritu de las Montañas se manifiesta a través de las neblinas y ella lo percibe. Aunque aún no lo entiende, lo ha heredado todo de su Padre.

El Gran Muriak intervino y se dirigió a la Asamblea:

––Nos quedan pocos días antes de que comience diciembre y El Espíritu de la Navidad abra los siete Vórtices en Tennessee. Debemos prepararnos porque hay mucho por hacer.

El Hada Eirny consultó con la Asamblea cuál era el siguiente paso a seguir, y Shampillòn respondió:

––Cada uno de nosotros deberá transmitirle sus experiencias, sus conocimientos, para que su labor sea más fácil, aún es una niña. Oso Pardo, tú serás el primero, Sam Wolf y Míster Black te acompañarán en esta Misión. Puedes informar al Padre de Lily.

Encendieron la fogata para que los Antiguos Espíritus de las Montañas Humeantes bendijeran esta Misión. Shampillòn y las Hadas del Bosque cantaron el Himno de la Hermandad. Muriak quedó reflexionando en cada palabra del Sagrado Canto:

Enciende la llama del Amor en tu corazón, despierta tu Alma hacia la luz.

Vuela con alas de Águilas a las Cumbres más altas para llegar al Sol, que es tu Padre, que esperando está con los brazos abiertos.

Vuela en busca de tú libertad, pero al estar libre, no olvides a los demás.

Vuela libre y no dejes de Volar…

Shampillòn encendió las lámparas de cada una de las Hadas, y en un abrir y cerrar de ojos, todo el bosque quedó iluminado. Muriak vio cómo de las llamas de la fogatas salían pequeñas luces para danzar alrededor del bosque, pero no quemaban las hojas. ¡Eran los elementales del Fuego, Guiados por los Espíritus del bosque para dar Fuerza y Luz!

Una vez concluida la danza, los presentes se reunieron alrededor del Fuego y  Sellaron el Pacto de la Nueva Misión. En esos momentos, la Estrella Lupus estaba alineada sobre las Montañas Humeantes, Brya envió un rayo de luz hacia el Bosque de las Hadas.

El Hada Eirny se despidió y regresó a Islandia por el Vórtice de Centennial Park, los demás regresaron a sus respectivos Hogares.

Esa noche, las Montañas Humeantes recobraron la Magia nuevamente, y todo el Bosque Vibraba en la misma Nota Musical.